Miércoles 12 de agosto, 2020
  • 8 am

Inteligencia, premio y castigo

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
El conocimiento es una materia intangible de valor infinito capaz de trasmitirse de persona a persona en forma epidémica y su volumen crece exponencialmente a través del tiempo y se acumula en forma incontrolable, se retroalimenta tendiendo tentáculos que van generando adicción incontrolable, domina todos los estratos de la sociedad y a diferencia de las enfermedades, quienes resulte inmune a la incorporación de conocimiento, transitan como parias sin destino ni horizonte.
Esta epidemia hipertrofia los cerebros en forma progresiva de casi todos los humanos en desmedro del resto del cuerpo quitándole cada vez más valor a la tracción a sangre y a la materia palpable pero afecta muy escasamente al resto de los seres vivos con el que compartimos el planeta.
El conocimiento es como una deidad invisible que controla todo desde su condición inmaterial y domina al mundo y cada vez genera más canales de difusión lo que facilita su expansión en forma infinita.
Como todo lo que se trasmite, comienza en forma lenta pero a través de unos pocos miles de años se ha hecho epidémico. Durante mucho tiempo se trasmitió a través de la palabra, luego a través de la escritura pero en los últimos siglos fue invadiendo otras vías, (telégrafo, teléfono, cine, radio, trasmisión de imagen, cine, televisión) y en las últimas décadas la epidemia explosionó a través de internet y afectó sin remedio a prácticamente a toda la humanidad. Cada uno se hizo adicto y quedó prisionero de una pequeña herramienta de la que ya nadie se puede liberar y la inteligencia de los más privilegiados se hizo dueña de la voluntad colectiva.
Es una epidemia imparable de la que no existe antídoto ni vacuna, la inteligencia y el conocimiento siguen sin freno generando tentáculos de los cuales es imposible liberarse. Ahora, todo lo que antes se comercializaba según el peso cada vez vale menos y esa materia insustancial vale mucho más que cualquier otro recurso y lo que hasta no hace mucho tiempo parecía imposible y sólo habitaba en las mente fantasiosas de los escritores de novelas de ficción se fue haciendo realidad hasta superar la más optimista utopías.
La expansión del conocimiento va mucho más rápido que la capacidad de asombro y para muchos se hace imposible seguirle el hilo, ya parece que nada es imposible y la instantaneidad se ha hecho tan rutina hasta desactivar la paciencia que ya nadie tiene, nadie quiere esperar porque un segundo de espera ya es demasiado.
Pero como en todo rubro, mucho de lo mismo siempre es demasiado y todo lo bueno tiene su contrapartida, esa tecnología hipertrofiada ha llevado a que cada quien a transitar como un tonto, adicto a un móvil del que casi nadie se puede liberar como si un diabólico genio hubiese pergeñado un plan para poner a todo el mundo en modo zombi y manejar su conducta.
La inteligencia cada vez más maneja la materia y en forma remota y genera maravillas tecnológicas que fascinan bobamente al colectivo humano que disfruta placenteramente cualquier nuevo logro y se hace adicto desde la más tierna infancia atrapada por las imágenes y colores hasta el más decrépito de los seres al final de la vida, que mientras vea y oiga seguirá enganchado sin poder ni quererse liberar.
Ahora entiendo la fascinación de los nativos americanos por los espejitos de colores que trajeron los conquistadores para llevarse el oro a cambio, ahora entiendo porque acumulan riquezas los que crean y venden fantasías, ahora entiendo porque los simples mortales venden su fuerza de trabajo haciendo esfuerzos denodados para tener siempre cada nuevo insumo cargado de fantasía.
Mientras la inteligencia acumulada y colectiva genera prodigios en la tecnología a todo nivel facilitando una vida más confortable, esa misma inteligencia se despliega a una velocidad inusitada, desarrollando armas destructivas cada vez más sofisticadas y más letales.
La inteligencia es una virtud que la naturaleza ha provisto a los seres humanos muy por encima de cualquier otro ser vivo sobre el planeta y ha hecho que la vida sea más confortable en cualquier ámbito que sea pero en el premio está el castigo ya que esa misma tecnología aplicada a las armas de destrucción masiva va poniendo en forma progresiva cada vez más cerca de la autodestrucción del milagro de la vida sobre la faz del planeta.