Jueves 9 de julio, 2020
  • 8 am

La Gruta del Padre Pío

Sin dudas que al margen de todos los hechos misteriosos que ocurren en La Aurora, también es un lugar de mucha presencia del Padre Pío. Tanto es así que en el campo de la estancia se construyó una gruta en su memoria a pedido del Santo. Ángel María Tonna, Don Toto, fue reticente a hablar del tema públicamente, mucho menos conceder entrevistas, pero ante tanta insistencia, en una ocasión, accedió a contar detalles de cómo nació la Gruta del Padre Pío.
Eligió un momento especial para hablar, solo sería un relato y nada más. Si bien el mismo ya fue publicado en este diario CAMBIO, entendimos pertinente publicar un resumen en vista que miles de devotos se incorporan día a día, mes a mes, año a año y no conocen la historia del Padre Pío en La Aurora.
“Corría el mes de enero de 1987, sentado en la galería de la amplia casa de campo y acompañado de mi esposa, Elena, trazaba líneas sobre un papel tratando de esbozar una silueta, algo que sentía muy dentro de mi corazón. Había una promesa que cumplir al Padre Pío y me separaba de la fecha límite para cumplirla poco más de 4 meses. En ese momento, como enviados por Dios, llega a la casa una pareja, que sería de ahí en más miembro de esta gran cruzada. Después de conversar largo rato y de entrar en confianza les cuento de la promesa hecha, nada menos que a un hombre santo, a un fraile capuchino, quién en vida fuera mi asesor espiritual y me comprometiera a realizar esta obra. Los recién llegados, Guillermo Beckes y María de las Mercedes Schoenemman, hasta ese momento desconocidos, eran ni más ni menos que dos reconocidos escultores argentinos. Compenetrados de lo que les había contado comenzaron a sentir que la responsabilidad podía ser compartida, que ellos podían dar algo de sí para concretar la obra. Allí se comienza a pulir la idea de hacer la estatua del Padre Pío”…
… El 25 de mayo de 1987, fecha en que el Padre Pío cumpliría 100 años, si viviera, y hora de cumplir la promesa, se inauguró la gruta con la estatua del Padre Pío; en el lugar exacto que él me indicara en una visión que tuve el 8 de enero de 1987, estando yo sentado a escasos metros de donde hoy se encuentra la gruta.
Monseñor Dr. Carlos Alberto Nicolini, Obispo a cargo de la Diócesis de Salto, presente en el lugar, la bendijo y autorizó a celebrar la Santa Misa a un sacerdote francés que se lo solicitó. Éste había llegado a Montevideo el día anterior por un error en el vuelo, leyó el diario donde se anunciaba la inauguración y sin pensarlo siquiera se presentó en la gruta. Así fue como el sacerdote Claudio Rathelot ofició la misa.
El Santo Padre, Juan Pablo II, a través de Monseñor Humberto Tonna, Obispo de la Diócesis de Florida, que le informó sobre la obra a realizar en la estancia «La Aurora», envió una bendición muy especial y prometió que el día de la inauguración de la gruta él se hallaría orando sobre la tumba del Padre Pío en San Giovanni Rotondo, donde permanecería 5 días.

Un lugar de paz  con olor a rosas

La gruta del Padre Pío es un lugar de mucha peregrinación de personas día a día llegan hasta el lugar a agradecer o a pedirle un milagro al santo. Excursiones de diferentes puntos del país e incluso del exterior (Argentina, Paraguay, Chile), llegan hasta la gruta motivadas por la devoción del Padre Pío que ha ido creciendo en forma importante. Muchos milagros se tejen alrededor del Padre Pío, algunos contados por sus propios protagonistas. El camino desde la puerta del campo hasta la gruta del santo es un largo peregrinar colmado de mensajes que el santo expresó en vida y muchos han experimentado no solo una sensación de paz, sino un fuerte olor a rosas que solo en ese lugar lo experimentan.
Vale mencionar la anécdota que nos contara un allegado a la familia:
“El 20 de febrero de 1990 llevé a visitar la estancia y la Gruta del Padre Pío a Elías Stelluto, quien fuera fotógrafo personal del Padre Pío, apenas pisó el lugar se dio vuelta, me miró fijamente unos instantes y me dijo: -La energía que siento acá solo la he sentido cuando estaba junto al Padre Pío, y últimamente cuando visito su tumba.”

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