Sábado 5 de diciembre, 2020
  • 8 am

Practicar el verdadero perdón

Gerardo Ponce de León
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Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce De León
El sábado pasado, en la misa, se lee el Evangelio en el que nos pide Cristo que tenemos que perdonar, en la medida que aprendamos a perdonar vamos a ser perdonados. Esto implica que tenemos que aprender perdonar de corazón, y no de la boca hacia afuera, dejando en nuestro interior, la realidad de un perdón real y verdadero.
Mientras el sacerdote nos hablaba, me preguntaba: ¿es fácil perdonar? Y no pasaron unos segundos que públicamente nos hizo esa pregunta. Hoy puedo ir al abecedario para ver el significado real de la palabra y que este me lleve a una realidad académica y no a lo que creo que quiere decir.
Perdón: “Remisión de una deuda, injuria, etc. // Indulgencia o remisión de los pecados”; esto me lleva a Remitir: “Hacer que una cosa se dirija o sea llevada a alguna parte. // Ceder, atenuar”.
Nos damos cuenta porque, Cristo, en su parábola, toma el ejemplo del perdón con una deuda. Frente a una súplica, el patrón le perdona su deuda a un personal, y lo hace de corazón; pero la súplica no era real y esto lleva a rever la posición frente al perdón que hizo y la realidad del corazón de quien fue perdonado. Y me vuelvo a preguntar ¿se perdonar?
No es fácil perdonar y es probable que sea más común y fácil un perdón frente a una ofensa que a una deuda material. Lo material está “pegado” a nuestra esencia, somos materia y por lo tanto lo sentimos muy propia, una ofensa, golpea en nuestro interior y basta con hacer oídos sordos para no recibirla y la dejamos pasar. Es cierto que también se tiene que aprender a rechazar una ofensa, porque en el fondo no deja de ser un perdonar al que me ofende y tampoco es fácil.
En esta época que nos toca, tenemos que aprender a perdonar, y lo principal que tenemos que hacer es no OFENDER a nadie; y miren que existen muchísimas formas y maneras de ofensas. Un gesto, una palabra y la peor la que no decimos pero que la sembramos en nuestro corazón, y la vamos abonando con el pasar del tiempo. Esa siembra es de una semilla que se llama “plaga” y es muy dañina para el ser humano.
Creo que tenemos que aprender a pedirle a Dios, que nos ayude a tener paciencia, aceptación, humildad, pobreza de corazón, para que esa semilla caiga en terreno fértil, para cambiar nuestra actitud y forma de ver las cosas, desde la nueva óptica que nos da el saber perdonar.
Sé que no es fácil, sé que es fácil escribir sobre este tema, pero que es muy difícil vivir este principio de convivencia; ya que todos sabemos que tendríamos una sociedad más unida, hermanada y fraterna, si de parte de cada uno de nosotros, agregamos una gota de perdón en la sociedad. Tenemos que aprender y tomar como ejemplo a tantas personas que sabemos que son desprendidas, porque llegan a ese grado por saber perdonar. Han vencido su apego a lo material y alimentan a diario, con la práctica de un verdadero PERDÓN.
Voy a terminar como más de una vez lo hago, tengamos la suficiente humildad de pedirle a Dios que nos ayude a perdonar, y que no existe mejor perdón que aquel que lo hacemos de corazón. Ese perdón queda entre Dios y uno, sin necesidad de ser “publicado” para que nadie sepa de nuestro accionar y así evitamos en adulón y pegajoso : “¡Qué bueno que es tal!”.