sábado 4 de febrero, 2023
  • 8 am

«El fútbol, el solo hecho de jugarlo sirve de mucho en la vida»

Considerado como el o uno de los más grandes futbolistas salteños. Desde joven en Almagro y una carrera de 20 años por amor a la camiseta. Sofildo Piñeiro, reconocido como Balón de Oro y Charrúa de Oro, aunque no le interesó el profesionalismo y su negocio pese a haber tenido la oportunidad. El ‘Amigo’ sólo quiso jugar y defender la selección de su tierra para luego contarlo en esta nota con CAMBIO.
«Nací en el interior del departamento, en Pueblo Fernández, municipalidad de Mataojo. Desde niño me gustaba jugar al fútbol pero a mis padres no les gustaba, entendían que era una pérdida de tiempo y tenía que estudiar; había otras cosas para hacer. Cuando tenía 6 años nos mudamos a la ciudad y justo compran una casa en 25 de Agosto y Avenida Harriague, frente a la cancha de Almagro. Para mí era una alegría, tenía para mirar fútbol, era un niño y mi sueño de ser jugador de fútbol estaba más cerca. Pero mis padres no me dejaban jugar, mantenían la idea. Entonces en mi casa, en el fondo donde mi madre colgaba la ropa, había un espacio lindo con pasto y ahí le pegaba a un corcho contra la pared. No había televisión como ahora y aprendí mirando los partidos en cancha de Almagro, donde venían grandes jugadores del fútbol salteño. Yo miraba y después en el fondo de mi casa practicaba con un corchito, algo que después se hizo muy comentado.»
ES EL FÚTBOL
«Al principio me costó adaptarme a jugar con los zapatos de fútbol de aquella época, con tapones y agarraderas; estaba acostumbrado a jugar con championes. Recuerdo los primeros zapatos que tuve fue en el campeonato de cuarta con Almagro. Todo era diferente, las pelotas de cuero cocidas, las de tiento, para entrenar de noche los faroles de mantilla que se ponían alrededor de la cancha de Almagro».
«El sacrificio era el doble que el de hoy, además en invierno no había agua caliente para bañarse. Lo lindo fue haberlo vivido y poder contarlo a nuevas generaciones. De todas maneras el fútbol para triunfar necesita mucha dedicación, ser positivo y siempre mirar para adelante, saber que se puede y que depende de uno para llegar lejos. Hoy en más fácil que antes poder llegar al fútbol profesional, pero el sólo hecho de jugarlo sirve de mucho en la vida».
DE 4ª A 1ª Y LA SELECCIÓN
«A los 14 años recién empiezo a jugar en la cuarta de Almagro. Como era más alto que todos me pusieron a jugar de ‘9’ en las prácticas, pero en el segundo partido del campeonato el técnico me prueba como zaguero y de ahí no salí más, jugué toda mi vida. Al principio yo le decía a los técnicos que quería seguir de ‘9’, pero entendían que andaba muy bien atrás, de ‘2’ o ‘3’, porque era rápido para jugar en el fondo».
«Con 15 años Ademar Miñoz me asciende a primera de Almagro. Recuerdo hasta hoy ese primer partido, en el Forti ante River y ganamos 2 a 0. Todos me felicitaron cuando terminó por el trabajo en defensa que hice. A los 16 años fui citado para jugar en la selección mayor por el ‘Gringo’ Banfi, en la época que se jugaba con Paysandú todos los 18 de julio y 25 de agosto, de local y visitante, por años se jugaron eso partidos clásicos. Esa fue mi primera citación y después juego 20 años de corrido defendiendo la camiseta de la selección; un gran orgullo para todo jugador».
«Otro partido que tengo en el recuerdo fue el 18 de julio de 1967, le ganamos en Salto 4 a 3 el clásico a Paysandú, que venía ganando todo. Me acuerdo hasta de los jueces, Lemos, Aranda y Tomás. Salto formó con Moisés Vallejos al arco, yo con el ‘Tito’ Racedo, Ruben Silveira, Pedro Quiñónez, Jorge Dalmao, Walter Finozzi, Carlos Vallejos, Vargas, Castro y García».
«Me tocó jugar en tres décadas distintas, la del 60′ siendo muy gurí, con la oportunidad de jugar con grandes que ya estaban en el final de su carrera. La del 70′ fue mi mejor momento, con otras generaciones también de muy buenos jugadores, como las selecciones campeonas del Litoral 71′ y 79′ también del interior. Por último la década del 80′, ya con mucha experiencia y jugando con muchos jóvenes que se formaban».
«Si no me adaptaba a los cambios no podía seguir»
«El fútbol cambió y tuve que cambiar la forma de juego porque si no me adaptaba a los nuevos sistemas no hubiera seguido jugando hasta los 39 años, cuando me retiré en Almagro en 1989. Me hice conocer gambeteando en el fondo, salir jugando, no me gustaba reventar una pelota, me gustaba como defensa tenerla, salir jugando, cosa que con el correr de los años fue cambiando, sobre todo en los últimos míos. Los técnicos me decían que eso me complicaba y que complicaba al equipo, que por perder una pelota se podía perder un partido y un campeonato. Tuve que empezar a jugar las pelotas en largo y cruzadas y de última despejar, restar, sacar el peligro del área».