Miércoles 6 de julio, 2022
  • 8 am

Arrimarnos al prójimo

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce
De León
¡Qué complicado somos los seres humanos! ¡Cómo nos cuesta aceptar al prójimo! Me parece que lo más importante dentro de esta aceptación, debe de figurar el respeto, sin importar nada, condición social, estado civil, nada.
Usted se preguntará porque digo esto, ya que en la mayoría de los casos, prima la condición social, sobre todas las demás, y mucho más si su apariencia es mala (sucia, harapienta y si está en condiciones de drogado o borracho). Estas últimas condiciones, las que están entre paréntesis, y dentro de ellas las dos primeras. Lo que más cuesta es el olor, que lamentablemente tienen.
Todos nos llenamos la boca hablando del bien y del mal, de lo que se debe de hacer y lo que no, pero basta que se nos acerque, alguien que reúna estas dos condiciones para que cambie totalmente nuestro rostro, nuestra actitud, y nos olvidamos enseguida de lo que predicamos, lo que escribe la mano, lo borra el codo, dice el viejo refrán, y es muy real y acá tenemos un caso.
Cuando un joven nos pide “algo para comer”, nos da un dejo de rabia, ya que podría trabajar, porque su aspecto lo dice, pero ¿quién le da trabajo con su forma de vestir, y el estado de limpieza que presenta? Lo triste es que en la mayoría de los casos, ya es una forma de vivir, pretender cambiarlo es imposible. Si usted no cree, le pido que haga el favor de tratar de hacerlo en vivo y en directo, y después me cuenta. Por eso admiro y deseo ser como esa gente que se entregan de corazón a los demás. Mire que tenemos muchos ejemplos dentro de nuestra ciudad.
Más de una vez le he escrito sobre la huella que dejamos en nuestro andar, y cuanto más profunda es mejor. Como ejemplo: los otros días presencié un remate de una camiseta de futbol, donada por Edison Cavani, para una chiquita de dos años, que vive en Florida. Está con su salud muy complicada y les puedo asegurar que dentro del grupo de gente que estaba presente, es capaz que cinco conocieran el caso, el resto (casi 60 o 70 personas), ni sabían de esta niña. La camiseta hizo nada más que 32.000 y pico de dólares. El ejemplo de uno, llevó a los otros a que siguieran por la huella que él hizo. Les aclaro que el primero en dejar la huella, no tenía nada que ver con las personas que continuaron caminando por dicho rastro.
Como también les puedo decir que existe mucha gente que ve al prójimo, muy cerca de ellos; siendo muy importante que lo hagan en forma anónima, y uno se entera de casualidad. Y me pregunto ¿a cuántos nos cuesta hacer algo? Si todos o una gran parte de la gente, mirase con un dejo de cariño al prójimo, que distinto sería el mundo. Para colmo de males, la gran mayoría somos egoístas, nos importa mucho “el qué dirán”, y ahí cuidamos de que no se hable mal de uno.
Más triste aún, que si podemos sacar rédito de la situación, la aprovechamos, abrazamos y hasta llegamos a dar un beso; claro que tiene que haber una cámara frente a este gesto que hacemos; desaparece el AMOR, gana el interés, acotado a dicho momento.
Por eso somos complicados, somos interesados, nos cuesta arrimarnos al ser humano de corazón y sin interés. Una vez que logramos hacerlo vamos a recibir una gran caricia en el corazón.