Miércoles 6 de julio, 2022
  • 8 am

Ni una menos

Gustavo Chiriff
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Gustavo Chiriff

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Téc. Univ. Gustavo Chiriff
PCU-Frente Amplio
Tenía 24 años, una vida difícil como muchísimas mujeres, cuatro hijos pequeños, peleándole todos los días para llevar un peso para sostener esa familia. Era mujer y por esa condición murió, porque un hombre creyó que era su propiedad y podía hacer a su antojo de ella: feminicidio.
El concepto de feminicidio lo introduce Marcela Lagarde (mexicana, feminista y defensora de los derechos de la mujer) a raíz de los secuestros y asesinatos de mujeres en ciudad Juárez. Pero mucho antes, en 1976, la escritora feminista Diana Russell habló del «femicide», según ella, el femicidio es la palabra que mejor describe el asesinato de mujeres a manos de los hombres, motivados por el desprecio, el odio, el placer o el sentido de propiedad sobre ella. Esto es la manifestación del patriarcado absoluto de los hombres sobre las mujeres, pero no de pasiones o celo degenerativos de lo que puede ser un amor o un despecho, sino como la propia consecuencia de un sistema social basado en la propiedad privada y en una concepción machista en que la mujer es parte de esa propiedad privada que hago uso y desuso a mi propio antojo. Patriarcado y capitalismo se funden para dar al hombre el poder de cosificar a las mujeres, no por su condición de clase sino por su género.
La violencia machista se ejerce mediante acción, pero también por omisión, en un marco de relaciones desiguales de poder, que directa o indirectamente afecta la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual y económica, solo por el hecho de ser o sentirte mujer. Esta violencia es connatural de la sociedad capitalista y a sus relaciones de producción.
Marx, a mediados del siglo XIX analizo el suicidio de mujeres como evidencia social de la explotación y discriminación de género en el capitalismo, consecuencia de un modelo que mercantiliza a la persona y particularmente el “uso” de la mujer como objeto y en ese entonces concluía que, si se quiere eliminar de raíz el problema, ha de apostarse por la real liberación de la mujer, expulsando la sexualidad y su imaginario de las relaciones de dominio patriarcal y mercantilización capitalista.
Hoy el feminicidio constituye la actualización más cruel de esa evidencia en contra del mismo sistema. La mujer es propiedad de un «macho» que la exhibe y utiliza cual prenda «desechable». Ello es, ni más ni menos, una crisis de civilización occidental (capitalista, patriarcal y hegemónica).
Lamentablemente en Uruguay, hubo 27 femicidios en 2021, 11 más que en todo 2020, pero muchos más crímenes perpetrados en contra de mujeres no se tipifican como femicidios por las circunstancias o por falta de elementos, y no se cuentan en las cifras oficiales. En el mundo, son 137 mujeres las que mueren cada día asesinadas por algún hombre de su círculo. Es decir, mueren a manos de alguien en quien confiaban o esperaban confiar.
Para luchar contra los feminicidios nos parece indispensable que la opresión que sufren las mujeres no sea ni postergada, ni subordinada, ni invisibilizada. Todas las opresiones que existen deben ser combatidas simultáneamente para evitar las virtualidades de universalización que muchas veces llevó, hasta en períodos revolucionarios, a que se pierdan en el camino las demandas de las mujeres. Hoy ante el aumento que se registra en los feminicidios, es clave la movilización y concientización, que la raíz del problema está en la sociedad en que vivimos.