Miércoles 6 de julio, 2022
  • 8 am

Las vejeces y las sexualidades

Alexandra Ledesma
Por

Alexandra Ledesma

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Por Alexandra Ledesma
Lic. en Sociología y Educadora Sexual
Parece mentira que Uruguay, siendo de los países con un alto porcentaje de su población envejecida, siga tratándose como tabú el hecho de relacionar las vejeces con las sexualidades.
En términos generales, las vejeces no suelen recibir el trato que merecen, y son excluidas socialmente de manera sistemática, sin calcular el daño que esto implica.
Siempre pretendo marcar a fuego la idea de que la sexualidad se encuentra presente en todas las personas y a lo largo de toda la vida, esto implica claramente que el hecho de llegar a la adultez no significa que pasemos, entre otras cosas, a ser asexuales.
Las sexualidades se van adaptando, de acuerdo también a las posibilidades físicas que experimente cada persona en cada etapa de su vida, esto quiere decir que existe desde que nacemos hasta el día de nuestra muerte, solo que se manifiesta de distintas formas.
Como les decía, llegada una etapa de nuestras vidas, por supuesto que nuestra sexualidad se modifica, no solo por cambios físicos, que podemos o no notar fácilmente en el cuerpo, sino que también a nivel neurológico, hormonal, emocional, entre otras.
Esto claramente establece ciertos límites en cuanto a la expresión de la sexualidad, pero lejos estamos de prescindir de ella.
Con ello volvemos una y otra vez sobre la idea del coito, y como este es puesto en el centro sin tener en cuenta que es tan solo una de las tantas formas de descarga sexual que tenemos las personas, y que hay diversas y creativas maneras de expresar el deseo o amor hacia los demás.
Quiero repasar tan solo algunos de los mitos que circulan respecto a las vejeces y que al reproducirse solo desinforman y marginan. Ejemplos de ellos, “Los mayores no tienen relaciones sexuales”, “La menopausia marca el final de la vida sexual de la mujer”, “La mujer sin menstruación, no tiene deseo sexual”, “La actividad sexual en los viejos es siniestra y anormal”, “Los viejos van perdiendo el deseo sexual”, “Los viejos no sienten placer”, “La sexualidad no es importante en la vejez”,“ Los mayores no consultan por problemas sexuales”, “Las mayores no hablan de la sexualidad ”, “ Los adultos mayores no se masturban”, “Los adultos mayores ya no tienen deseo sexual”, “Las mayores pierden el interés por la sexualidad”, “Los viejos se casan por interés, no por amor”, “Los mayores necesitan un compañero no un amante”, “Las personas mayores no se enamoran”.
Son todas estas creencias equivocadas, que llevan a desestimar las necesidades de los adultos mayores, marginándolos, sumergiéndolos en una profunda soledad, siendo esto preocupante, ya que se suma al alto porcentaje de personas con depresión en esta etapa de la vida.
Es muy importante entender que en todo el transcurso de la vida, el goce y la sexualidad, forman parte del bienestar, de la tranquilidad y de la salud, y esto implica incluir a las vejeces. Los mayores por supuesto que siguen teniendo sentimientos, deseos y capacidad para gozar. La sexualidad cambia con los años la forma de expresarse, pero no desaparece. Tiene otras formas, es tranquila, con sus tiempos, requiere más estímulos, pero veámoslo desde otra perspectiva, esto nos obliga a ir más lento, a disfrutar más de nosotros y del otro, ¿no les parece? El problema radica muchas veces que se involucra la idea de reproducción como la protagonista, olvidando por completo el erotismo. Pareciera que lo que voy a decir es evidente, pero aunque así parezca suele pasarse por alto, porque los besos, las caricias, tienen el mismo protagonismo que el coito en sí mismo, pero le damos ese lugar preponderante únicamente llegada esta etapa de la vida.

La vejez es parte indiscutible de nuestra vida, una vez que lleguemos a ella, podemos continuar haciendo aquello que nos gusta, por supuesto, todo lo que nuestro cuerpo nos permita, y si no lo hace, usemos la imaginación, ella si es ilimitada.