Domingo 22 de mayo, 2022
  • 8 am

La columna infiltrada

Más por menos… LA INFLACIÓN

No hay nada más frustrante para nuestro bolsillo que ir a hacer el surtido al supermercado o en el almacén y descubrir que comprando lo mismo que antes ahora hay que pagar más. O visto de otra manera que ese billete de mil pesos rinde cada vez menos.
La pérdida del poder adquisitivo se da cuando en una economía hay una suba persistente y generalizada del nivel de precios. A esta suba se le llama inflación y se la compara con un impuesto silencioso que se mete en el bolsillo de las personas quitándoles parte de los que ganan. De ahí que a veces se utilice la expresión impuesto inflacionario.
¿Cómo se mide la inflación?
Para medir la inflación es necesario establecer el nivel de precios de una economía y calcular como varía mes por mes. Ese “nivel” de precios se construye identificando cuál es la canasta de consumo representativa de los hogares de ese país, incluidos rubros tan variados como viviendas, transporte, esparcimiento, alimentos, mantenimiento del hogar, medicamentos o educación.
Una vez identificada esta canasta, solo resta ver cuánto cuesta y calcular como varía ese costo. De esta manera se podrá tener la inflación mensual y anual de una economía.
En Uruguay la inflación es calculada y publicada mensualmente por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Para estimar la inflación, el INE toma en cuenta dos factores:
– En qué rubros gastan su dinero el o los integrantes de los hogares.
– Cuáles son los precios de esos bienes y servicios.
Estimar la estructura de gasto de los hogares no es tarea sencilla: implica realizar una encuesta en todo el país para determinar en qué utilizan el dinero las familias. A parir de esta encuesta (llamada de ingresos y gastos), se calcula una canasta de consumo promedio y estos datos van actualizándose con otras fuentes de información. De acuerdo con las estimaciones del INE el gasto promedio de los hogares uruguayos se repartía de la siguiente manera en diciembre de 2015:
Alimentos y bebidas no alcohólicas, vivienda, transporte, salud, restaurantes y hoteles, recreación y cultura, bienes y servicios diversos, muebles, artefactos y conservación de hogar, prendas de vestir y calzado, bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes, comunicaciones y educación.
Cada uno de estos rubros tiene a su vez subgrupos que pesan de distintas maneras. Por ejemplo: en el rubro Alimentos y bebidas, la carne se lleva la tercera parte del gasto, mientras que las verduras solo la décima parte. A su vez, estos gastos van desagregándose hasta el punto de llegar a productos específicos, como por ejemplo las zanahorias, que pesan 0,15 % en el total de la canasta.
… Si el IPC sube de un mes a otro, es decir, si se encarecen los precios, tenemos inflación. En caso de que en vez de encarecerse se hayan abaratado, tendremos deflación.
… Tomando a la inflación por las guampas.
A sabiendas que vivimos en un país con inflación cercana al 10%, hay algunas estrategias que se pueden desplegar para intentar que el aumento de precios no afecte tanto a nuestro bolsillo.
En primer lugar tenemos que recordar que la inflación implica que nuestro dinero rinde menos mes tras mes. Con esto en mente, los hogares que tengan capacidad financiera para hacerlo, pueden organizarse para realizar surtidos grandes de alimentos no perecederos, productos de limpieza, perfumería, por ejemplo. Estarían adelantando el gasto en artículos que ya saben que se encarecerán, y los pagarían a menor precio que dentro de unos meses.
… Otra opción para escaparle a la inflación, aunque sea un poco, es hacer uso de los planes de pago sin recargo ni intereses en pesos que brindan las tarjetas de crédito. Supongamos que estamos en el mes de marzo, debemos renovar el guardarropa de trabajo y esto implica gastar $. 3.000; podemos elegir pagarlo en 6 cuotas sin recargo de $. 500. Cada mes esos $. 500 serán menos valiosos que un mes atrás. Es decir, que vamos a haber congelado un precio de principios de año y aun así vamos a tener disponibilidad de dinero para realizar otras compras antes de que se encarezcan.
Finalmente, un buen recurso para protegerse de la inflación es colocar nuestro dinero sobrante (ahorros) en alguna opción de inversión que nos pague intereses. Aún en caso de que estos intereses sean menores a la inflación, estaremos perdiendo menos dinero que si lo dejamos debajo del colchón.


Datos extraídos del libro La economía al alcance de todos, de la economista y periodista Laura Raffo, de Editorial Sudamericana Uruguaya S.A.