Martes 5 de julio, 2022
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La columna infiltrada

EL ESTADO PALESTINO

(Semanario Correo de los Viernes, noviembre de 2012, por Julio María Sanguinetti)

En 1998 Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) había proclamado la independencia de un presunto Estado, cuando no ejercía soberanía sobre ningún territorio. A partir de allí fue gradualmente reconocido de modo irregular.
El 29 de diciembre de 2012, por 138 votos a favor y 9 en contra y 412 abstenciones, la Asamblea de Naciones Unidas reconoció a la Autoridad Palestina la condición de “Estado Observador”. Ello no significaba la incorporación plena como Estado miembro, pero marcó sin duda lo que ha sido en los últimos tiempos una mayoría que exige mucho a Israel y poco o nada a los palestinos.
Hay quienes fuimos desde siempre partidarios de la existencia de un Estado Palestino o Árabe o como quiera llamársele. El 29 de diciembre de 1947, Naciones Unidas no creó solamente a Israel sino también a ese otro Estado. Y el Uruguay fue actor protagónico en esa histórica decisión.
Desgraciadamente, como es bien sabido, los países árabes no aceptaron la resolución, declararon la guerra y dejaron sin solución a los miles de palestinos que vivían en ese territorio, muy dispersos y aún sin verdadera conciencia nacional. La mayoría de ellos, incluso, habitaban en Jordania, donde luego fueron perseguidos y masacrados.
Es de llorar pensar en cuanta sangre y sufrimiento se habrían evitado de haberse acatado el histórico pronunciamiento de Naciones Unidas, que en nuestra visión sigue siendo la decisión política de mayor trascendencia de la comunidad internacional.
El hecho es que 65 años después, seguimos con la herida abierta y una guerra no definida que apenas, cada tanto, experimenta alguna tregua para continuar más tarde. El acuerdo de Oslo estableció un mecanismo de negociación, pero bien vemos lo claudicante que es.
Lo peor es que no se ve el horizonte cuando existen Estados que integran las Naciones Unidas, que sostienen como política expresa la desaparición de Israel y del pueblo judío, por el medio que sea. Posición que también sustenta Hamas, hoy gobierno en Gaza, en su propia carta orgánica y por la cual ha sido declarada organización terrorista por la Unión Europea, los EEUU, Canadá y Japón.
… La paz tiene que provenir de una negociación entre Israel y Palestina, donde ambos se reconozcan explícitamente como Estados y resuelvan sus fronteras. Los palestinos quieren ser reconocidos como Estado; Israel quiere fronteras seguras y que pongan fin al reclamo de su territorio. Cuando a los palestinos se les reconoce el Estado sin condición alguna se está, justamente, concediendo graciosamente lo que debería ser uno de los términos de la negociación.
La otra consideración fundamental es que se vota ese reconocimiento sin exigir el respeto a los códigos y principios del orden internacional. Si seguimos proclamando la Guerra Santa y la capitalidad musulmana de Jerusalén y la propiedad del territorio, simplemente se está cohonestando la barbarie. Tal es el despropósito, que tampoco se toma en cuenta que en 2005 Israel entregó unilateralmente Gaza, que –en vez de haber sido una prenda de paz- ha servido hasta hoy como una base de lanzamientos de misiles contra la sacrificada población israelí de la zona.
…Es muy hipócrita lamentar la violencia de ambas partes cuando no se reacciona antes cuando se agrede a Israel ante el silencio de una organización internacional que ahora sí debiera asumir responsabilidad y hacerse cargo de una vigilancia estricta de la tregua pactada.
No es lo mismo agredir que ser agredido. No es lo mismo ser un Estado democrático que una organización terrorista. En algún momento se tendrá que partir de estas bases fundamentales.


N de R: El pasado 5 de mayo se celebró el 74 aniversario del Estado de Israel.