Viernes 19 de agosto, 2022
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Padre Emilio Ghidotti a 19 años de su partida

Aquel ya lejano 3 de julio de 2003 llegábamos a la Parroquia Catedral para enterarnos de la triste noticia.
El sacerdote, el cura, el Padre Emilio había fallecido en Bérgamo, Italia, su tierra natal a la que había regresado tratando de encontrar una solución a su problema de salud.
Repasando su vida, recordamos que muy joven, con 20 y pocos años había llegado a Salto, donde durante 50 años desarrolló su tarea pastoral, .que lo encontró siempre con las manos abiertas, para extenderlas a todos quienes lo necesitaban.
Hablar con él resultaba muy fácil. De trato afable cordial, se lo veía siempre rodeado de feligreses, donde abundaban los jóvenes a quienes les hablaba en su “mismo idioma” aceptando de buen grado que muchos le tratasen de tú, lo que generaba en los adolescentes, la confianza en plantear sus problemas, un trato cordial que también se daba con los adultos a quienes escuchaba con respeto obteniendo el afecto de todos.
Llamaba la atención lo fácil que era plantearle un problema. Con frecuencia llamaba a los jóvenes que estudiaban en la capital, quienes lejos de sus padres, extrañaban o tenían dudas y decirles: “Hola, habla Emilio” y ante la supuesta pregunta del destinatario. ¿Que Emilio? y él responder: “Como que Emilio, el Padre Emilio” e iniciar una charla alentando a los jóvenes. Eso generaba simpatía en los adolescentes que hacían rueda para charlar con él.
Pero no sólo con los jóvenes compartía momentos, sino que siempre estaba pronto para llamar o visitar a un adulto que necesitaba un consejo, o visitar un enfermo, tarea que realizó hasta que su físico se lo permitió.
Así era frecuente verlo llegar al hospital y sanatorios, para visitar a los enfermos llevándoles aquello que los medicamentos no podían lograr, acercándoles la alegría y el ánimo, cuando con voz firme les decía: Vamos arriba que aquí llega el Padre Emilio. Y los enfermos sonreían y su ánimo mejoraba.
Serían necesarias miles de palabras, montañas de espacios para contar su vida, por eso nos parece que la mejor manera de recordarlo es tratar de imitar su tarea, no sólo sus palabras sino sus acciones apoyando la labor de los sacerdotes de nuestra diócesis que como Emilio, cada día se esfuerzan por transmitir la palabra de Dios a los fieles.
Acercarnos a nuestros apreciados curas, que a diario se esfuerzan por nosotros sus semejantes, algunos de ellos venidos de lejos, Acompañarlos en su tarea, es el compromiso de cada cristiano.
El mundo necesita no sólo de palabras, sino de las manos abiertas de la gente para calmar el dolor y transmitir esperanza.
Podemos ayudar en grandes jornadas solidarias o en esas pequeñas acciones que quizá nunca se conocerán, pero que Dios las espera y valora. Que así sea.
Norberto Sagnol