miércoles 28 de septiembre, 2022
  • 8 am

Escenas de la vida cotidiana

César Suárez
Por

César Suárez

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Por Dr. César Suárez
Cada día que transcurre constatamos acontecimientos en forma creciente de sucesos violentos que en circunstancias extremas y casi en forma habitual suelen terminar con la vida de personas, algunas relacionadas a la acción organizada de bandas criminales pero otras vinculadas a gente común con conflictos de pareja, conflictos familiares y conflictos en congregaciones multitudinarias que convocan la competencias deportivas que usan las conglomeraciones que dificultan la identificación para cometer actos vandálicos de violencia inusitada.
La violencia es un instinto ancestral primitivo que nace con cada uno de nosotros y que parte del área más primitiva de nuestro cerebro y es la primera reacción que surge en forma autónoma ante una amenaza o un peligro y que están ligados al instinto de supervivencia alojada en la base de nuestro cerebro sobre el tronco encefálico, acompañado de la generación de las sensaciones del hambre y la sed, así como el instinto sexual y cuidado de las crías que asegura la reproducción y la continuidad de la especie, al igual que las funciones automatizadas que favorecen la supervivencia como la respiración la contractilidad cardíaca, la digestión entre otras.
Ese cerebro primitivo se fue perfeccionando a través de los milenios y fue generando otras capas encefálicas con funciones progresivas hasta el desarrollo de la corteza cerebral donde asienta la inteligencia y el manejo de las emociones, privilegio de la raza humana que regula o debiera regular racionalmente cada una de nuestras conductas.
La realidad cotidiana nos demuestra en todo momento que esa conducta ancestral de violencia es la primera reacción que naturalmente surge ante cada frustración o ante una necesidad biológica, al igual que los otros instintos ancestrales, pero nuestra corteza cerebral nos da las herramientas para regular esos impulsos y entender de la necesidad manejar esos instintos primitivos a través del razonamiento y de la reflexión, del intercambio y del aprendizaje acerca de los beneficios de la convivencia en armonía.
Sin embargo, la realidad demuestra que a pesar de la inteligencia de la que el ser humano hace gala, asistimos cotidianamente a acciones de violencia de unas personas sobre otras personas que expresan frustraciones no manejadas y que en general, terminan por afectar al de la posición más débil.
Esa cadena de acciones cotidianas con intención o sin ella, siempre terminan por lesionar la sensibilidad de otra persona a través del dolor físico o emocional, es un daño que alguien percibe, ejercida en forma sutil o grosera generalmente proveniente desde quien tiene una posición dominante sobre otra, física, económica, política, psicológica, intelectual, cultural que hace que otra persona se sienta menoscabada e imposibilitada de defenderse.
Es una cadena de acontecimiento donde el violento también puede ser violentado cuando cambia la escena y la relación de poder, es una forma de crueldad donde el juicio pierde terreno y los instintos salvajes triunfan sobre la razón, donde la empatía se nubla y la solidaridad pierde sustento.
El desarrollo cultural, la socialización, el intercambio tiende a atenuar cada impulso ancestral a través de la reflexión que debiera llegar a continuación del primer impulso, pero esa capacidad de razonar en forma serena está ligada por un lado a la inteligencia emocional de cada individuo y al aprendizaje cultural adquirido a través de las oportunidades que cada sistema le da a cada individuo y aquellos que han tenido la oportunidad de acceder a las diferentes etapas de escolarización deberían conformar la reserva racional para atenuar esos impulsos ancestrales que suelen llevar a iguales a un enfrentamiento irracional.
Las sociedades modernas están organizadas en infinidad de instituciones que dan forma a la estructura social de cada lugar y en general, los que han transitado por todos los niveles formales de aprendizaje que brinda la educación manejan herramientas que los llevan a liderar en cada sitio
Hay líderes sociales que hacen gran esfuerzo para mantener la cordura y otros que tienen todas las herramientas culturales para atenuar los ánimos terminan por realizar manifestaciones públicas para encender la mecha, como hemos visto en estos días en referentes deportivos a los que parece que la corteza cerebral no le funciona.