Pasar al contenido principal

Barrabás

Cuando nos acercamos a leer los relatos evangélicos, sin duda, nos encontramos con unos textos que no pretenden aportar una biografía, ni una historia, y, mucho menos, una mentira. Los relatos evangélicos son libros escritos desde una teología narrativa. “Estos libros están escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías”. 

Son libros escritos para motivar la fe desde unos relatos que nos deben ayudar a creer. Por esa razón es que no podemos quedarnos en la literalidad de los textos, sino que debemos leer más allá del texto para descubrir lo que el autor nos quiere decir.

También podemos leer dichos textos para descubrir el estilo de vida que desde allí se nos está enseñando o mostrando y los leamos preguntándonos: “¿Desde este texto qué quiere Dios de mí?”

Una de las realidades asombrosas que poseen los relatos evangélicos es que, siempre, podemos extraer de ellos conclusiones nuevas. El mismo texto leído diez veces, nos puede hacer llegar a diez lecciones nuevas. Ello no es un disparate, sino el arte de saber leer y aprovechar tales relatos.

En varias oportunidades había leído que el relato de la pasión de Jesús, donde se le brinda al pueblo la oportunidad de elegir entre Jesús o Barrabás, carece de fundamento histórico.

No existe ningún documento donde se pueda deducir que ello era una costumbre romana. Mucho menos, que se propusiera, para dejar en libertad, a un prisionero involucrado en un hecho de sangre.

Si el hecho responde a un interés del autor para hacernos llegar una enseñanza ¿qué quiere decirnos? ¿Por qué ese personaje? ¿Dónde está el secreto; en el acontecimiento o en el personaje? ¿Podrá ser un género literario carente de sentido? Eran, todas, preguntas que daban vuelta por mi mente.

Hace unos días, escuchando a un conferencista, cuando esta persona manifestó que “la persona de Barrabás es un género literario maravilloso” no pude menos que sentir que, una estridente alarma comenzó a sonar en mi interior. Todos mis sentidos se pusieron en alerta para escuchar.

Venía hablando de los autores de la muerte de Jesús. No fue el pueblo judío, había dicho. No fueron los romanos, ellos se limitaron a realizar lo que se le solicitaba. Sin duda que los responsables de la muerte de Jesús es la religión judía y sus responsables. En este contexto es que debe verse la figura de Barrabás.

El término “Bar” quiere decir “Hijo de” Era una manera muy frecuente de identificar a las personas diciendo que era “hijo de …”

Jesús, en su predicación y vivencia, se refería a Dios como el “Abba” que quiere decir “Papá” o “el Padre” Hablaba del “Reino del Padre” y no tanto del “Reino de Dios”

En el nombre del personaje propuesto por los relatos evangélicos podemos encontrarnos con el término “Bar” y con la expresión “Abba” para hacernos llegar la lección de que el pueblo, ese pueblo que lo había recibido y proclamado, se mantenía fiel a Jesús. “¿A quién quieren que libere; a Jesús o a Bar Abba?” Los presentes, al unísono, piden la libertad del “Hijo del Padre” Van a ser las jerarquías religiosas las que impondrán su voz porque, para ellos, Jesús no es el que dice que es, sino un transgresor y un embaucador que tiene engañado al pueblo. Para ellos, la propuesta de Jesús, es el final de la religión como hasta ese momento se conserva.

Sí, que se libere a “Bar Abas” pero Jesús de Nazaret sea crucificado. 

Si esto es real, sin lugar a dudas, estamos ante un género literario maravilloso.