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Carta a Cambio: Despedida a un hombre que habló con su obra

Cuando alguien moría, los antiguos griegos, preguntaban: ¿hubo pasión en su vida? Para ellos, una vida, vivida con Pasión, era consuelo suficiente, para despedir con menos dolor a quienes iban en camino al Reino de Hades.

Si fuéramos Griegos, (y lo somos en muchos aspectos filosóficos y del conocimiento),  sin dudas contestaremos que la vida del Dr. Néstor Campos Pierri tuvo pasión. Una Pasión por su profesión, por su familia, por su querido Salto por la Salud Pública, por el Centro Médico, pero transversal a todo, su enorme Obra en pos de la vida, la sencilla, la mano amiga, el consejo paternal, el gesto de consuelo, y la ayuda discreta.

Podría escribir un libro, ese que siempre me alentaste a escribir, acerca de las situaciones en las que puse en práctica tus enseñanzas, en los sitios más alejados, y en las condiciones más adversas. Fuiste mi Maestro y no tengo un solo recuerdo en el que no me hubiera preguntado, que hubiera hecho o pensado Néstor en éste caso. Creo que esa es la mejor definición de lo que es un verdadero Maestro, y la devoción de un alumno aplicado; en mi caso, desde los 13 años, en los que corría desde mi casa a la vieja Emergencia del Hospital, cuando sentía pasar una sirena, para ver algo, aprender algo, estar cerca de lo que era mi vocación de ayudar. Eso fue moldeando mi carácter y me alentó a mantener mi sueño de ser Médico.

EL DESAFÍO DE LA MEDICINA

Después, el exilio a Montevideo, el esfuerzo y sacrificios propios y de nuestras familias para completar los primeros cuatro años de los ocho, para aprovechar nuestro Hospital y la comunidad, en los que era la segunda mitad de la carrera del Plan 68, con Internado Obligatorio y Eliminatorio.  Me permito compartirles un recuerdo de defender juntos, en el Consejo de la Facultad de Medicina, la necesidad de extender la formación Médica en el Interior, y particularmente en Salto, y no descansar, con el trabajo y la formación de excelencia evidenciada en las pruebas rendidas en Montevideo, con absoluta neutralidad, incluso en inferioridad de condiciones con los que cursaban en la capital. Ese proceso fue continuo, y cada vez más excelente fruto de cada generación contribuyó en su mantenimiento y crecimiento.

RESCATAR LA DOCENCIA

Honré la Profesión en nuestro Uruguay profundo, con los criterios éticos que aprendí tuyo y enseñaste a muchas generaciones que hoy represento y me honraron con elegirme para rescatar tu Docencia mucho más allá del ejercicio de la Profesión. En un momento por diferentes visiones del futuro de una empresa, renuncié a ella, pero eso no significó que se afectara el afecto mutuo con el que siempre me distinguiste. Ayer, diste el paso de encontrarte con el creador y seguramente estabas más preocupado por tu Señora, tus hijos, tus nietas y bisnieta, y su futuro, que por vos mismo.  Así fue tu OBRA. Generosa hasta el último momento.

DESCANSA EN PAZ

Tu pueblo salteño agradecido, del que salvaste y contribuiste a que siguieran viviendo miles de coterráneos, te despide con el afecto, con el que nos enseñaste a tratar a los enfermos, sin distinción de posición social, raza, preferencia sexual, inclinaciones políticas ni religiosas. Ese legado permanece y permanecerá siempre en quienes fuimos tus discípulos y nos encargaremos que esa llama de pasión que siempre alumbró con tu presencia, lo siga haciendo en cada una de las futuras generaciones.  Te vamos a extrañar mucho. Te voy a extrañar mucho.

Dr. Oscar Mendoza Sabarrós.