Por Carlos Silva
Las personas tienen autoestima. Las familias también. Y aunque pocas veces lo pensamos de esa manera, las ciudades también tienen autoestima.
Hay ciudades que transmiten entusiasmo, optimismo y confianza en el futuro. Otras, en cambio, parecen resignadas, atrapadas en una sensación permanente de que nada puede cambiar. Esa diferencia no siempre está dada por la situación económica, ni por la cantidad de obras que se ejecutan, ni siquiera por el tamaño de las inversiones que reciben. Muchas veces tiene que ver con algo más profundo: la capacidad de una comunidad de creer en sí misma y en sus posibilidades.
La reciente inauguración de la Central Hortícola del Norte es un claro ejemplo de ello. Detrás de ese logro hay años de planificación, trabajo técnico, esfuerzos institucionales y decisiones políticas tomadas por personas de diferentes partidos y en distintos momentos de la historia reciente. Es una obra que atravesó Gobiernos Nacionales y Departamentales de distintos signos políticos.
Vivimos tiempos en los que parece que la política se resume demasiado seguido a señalar errores ajenos o a intentar apropiarse de los aciertos propios. Sin embargo, la Central Hortícola demuestra que las grandes transformaciones suelen ser el resultado de procesos largos y colectivos. Son la consecuencia de muchas manos trabajando durante años en una misma dirección.
La Central Hortícola será una herramienta fundamental para los productores, para la logística, para la comercialización y para el desarrollo regional. Pero además representa algo mucho más simbólico: la demostración de que Salto puede proponerse metas ambiciosas y alcanzarlas.
En los últimos tiempos hemos visto cómo nuestra ciudad vuelve a ser sede de eventos nacionales relevantes. La llegada nuevamente de la Vuelta Ciclista del Uruguay, la realización del Congreso de Intendentes, la presencia del Presidente de la República, el Congreso Nacional de la Federación Rural y tantas otras actividades son señales de una ciudad que vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda nacional.
Porque las ciudades también tienen autoestima. Y esa autoestima crece cuando las plazas vuelven a llenarse de familias, cuando llegan visitantes, cuando se concretan proyectos largamente esperados, cuando se generan oportunidades y cuando las noticias que nos representan vuelven a estar asociadas al desarrollo y no al estancamiento.
Quizás la principal enseñanza que deja la inauguración de la Central Hortícola sea precisamente esa. Recordarnos que las cosas importantes llevan tiempo. Que los grandes proyectos requieren perseverancia. Y que cuando una sociedad decide construir sobre lo que otros hicieron antes, en lugar de empezar de cero cada vez, los resultados finalmente llegan.
Las ciudades, igual que las personas, se recuperan cuando vuelven a creer en sí mismas. Cuando descubren que son capaces de transformar la realidad y de construir un futuro mejor.
Y tal vez eso sea lo más valioso que hoy está ocurriendo en Salto. No solamente la inauguración de una obra largamente esperada, sino la recuperación de algo mucho más importante, la confianza en nuestras propias capacidades, el orgullo de pertenecer a esta tierra y la convicción de que, trabajando juntos, todavía somos capaces de construir grandes cosas.
Miércoles 03 de Junio, 2026 85 vistas