Por el Padre Martín Ponce De León
Es muy difícil poder saber, a ciencia cierta, qué es lo mejor.Resulta una línea muy difícil de trazar esa que separa el asistencialismo de la caridad.Pero, sin duda, debe ser una línea trazable.
El asistencialismo nos hace bien, la caridad nos involucra.El asistencialismo es algo que se realiza para salir del paso mientras que la caridad hace caminar con…
Cuando se hace asistencialismo mucho no nos importa la persona del otro. Mucho más nos importamos.Se hace algo sin preguntarse si es útil o no, si sirve de algo o no.
Ante esa realidad incómoda, injusta o molesta hacemos algo para decirnos que no hemos sido indiferentes o insensibles.Lo que importa es que se hizo algo.
Muchas veces lo único que se ha logrado es prolongar una situación, pero… Se puede decir que se ha sido bueno porque se ha ayudado.Se puede tener la tranquilidad de no correr el riesgo de ser señalado como insensible o indiferente.
Lejos se está de cuestionar lo que se ha realizado puesto que ello deja una tranquilidad que, en definitiva, es lo que más cuenta.
No importa el otro sino, únicamente, sentirse bien.Si uno no logra salir de sí mismo es casi imposible escapar del asistencialismo.
La caridad implica dejar que el otro entre en la vida de uno.La caridad hunde sus raíces en la compasión.En la compasión el otro es el sujeto importante de la acción.Tan importante que la misma consiste en intentar ponerse en su lugar.
Allí no se busca aquello que a uno puede servirle sino aquello que le sirve a él.
Allí no importa que uno quede, individualmente, tranquilo, sino que él quede mejor.
La caridad no es el producto de un arrebato de bondad sino la conclusión de una actitud de vida.
Antes de realizar una obra de caridad se deben sopesar diversas realidades.
No es lo que más nos conviene sino lo que al otro le es de mayor utilidad.
No es repetir lo que ya se ha realizado sino, caso por caso, descubrir lo que al otro más lo puede ayudar a superarse.
La caridad siempre implica una búsqueda desde nuestras posibilidades y desde las necesidades del otro.
La caridad no se limita a un acto puntual, sino que es un algo que, realmente, involucra.
Pero entre el asistencialismo y la caridad siempre existe una tercera realidad en la que no cabe comparación posible con las dos anteriores.
Es esa "seudo - limosna" que, en oportunidades, se brinda.
Es la de la persona que se deshace de la ropa inservible dándola para los pobres.
Como si ser pobre implicase ropa sucia, destrozada o uno de los zapatos que hacen al par.
"Para los pobres, Padre" y son cosas que uno debe tirar a la basura porque sería vergonzoso dárselo a alguien.
Y, quizás, uno quede satisfecho por haber ayudado cuando, en realidad, lo único que hizo fue, en lugar de tirar a la basura, entregarlos a la parroquia para que otros tengan el trabajo de ponerlos en la basura.
Mire, amigo lector, que esto es mucho más frecuente de lo que uno se imagina y, en temporadas, más frecuente que el asistencialismo y, ni que hablar, de la caridad.
Esta última postura no tiene nombre como, tampoco tiene nombre que se realice.
El asistencialismo es lo más común porque lo que menos nos involucra.
La caridad es lo más difícil porque siempre es ponerse en la cruz porque ello siempre es el amor.
Lunes 01 de Junio, 2026 92 vistas