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Viernes 30 de Enero, 2026 808 vistas

Economista analiza escenarios e impactos a partir de reducción de la tasa de referencia del dólar

Por Melisa Ferradini.
El comienzo del año estuvo marcado por una serie de señales relevantes para la economía uruguaya, en un contexto atravesado por la desaceleración de la inflación, los movimientos del tipo de cambio y la incertidumbre internacional. En este escenario, la reciente decisión del Banco Central del Uruguay de reducir la Tasa de Política Monetaria volvió a colocar el debate económico en el centro de la agenda, por sus implicancias sobre el consumo, la inversión, la actividad y el mercado cambiario. Para analizar esta situación, la Magíster Economista Gimena Abreu, Directora de la Licenciatura en Datos y Negocios del Campus Salto de la Universidad Católica del Uruguay, en diálogo con CAMBIO aporta una mirada académica sobre lo que está ocurriendo en la economía del país y sobre los posibles efectos de la política monetaria en el corto y mediano plazo.
INICIO DEL AÑO
El inicio del año trajo varias noticias económicas relevantes que captaron la atención de distintos actores. Por un lado, el Instituto Nacional de Estadística informó que la inflación de 2025 fue de 3,65%, la más baja en 24 años y por debajo de la meta del Banco Central, que es 4,5%.Por otro lado, en lo referente al tipo de cambio, la incertidumbre internacional ha venido debilitando el dólar y eso se vio reflejado en el mercado local: en enero, el tipo de cambio cayó cerca de 3%. Esto genera gran preocupación en el sector exportador y, en general, pone el tema cambiario nuevamente en el centro de la discusión. 
EL CONSUMO Y LA INVERSION
Si el consumo y la inversión aumentan, se incrementa la demanda agregada y eso tiende a empujar el nivel de actividad (el PIB). Un mayor nivel de actividad suele venir acompañado de más ingresos y más gasto, y si la economía se acerca a su capacidad, pueden aparecer presiones inflacionarias. En otras palabras: una política monetaria más expansiva puede favorecer el crecimiento y también presionar al alza los precios si la demanda crece más rápido que la oferta. Por otro lado, está el canal cambiario-financiero. Cuando la tasa doméstica baja en relación con las tasas internacionales, los activos en moneda local se vuelven relativamente menos atractivos. Eso puede llevar a una mayor demanda de moneda extranjera, ya sea por portafolio o por cobertura, y en un régimen de tipo de cambio flexible esa mayor demanda tiende a traducirse en una depreciación de la moneda local, es decir, una suba del dólar. En los próximos meses lo esperable sería ver un fortalecimiento de la actividad económica  acompañado de un aumento controlado de precios. Si la baja de tasas logra impulsar el crédito y el consumo, debería ayudar a que el crecimiento se mantenga, especialmente en sectores más sensibles al financiamiento.
EL FRENTE CAMBIARIO
En el frente cambiario, la señal es clara: con tasas más bajas, el dólar tiende a encontrar un piso y a corregir al alza, lo cual puede aliviar parcialmente al sector exportador, aunque también encarece algunos bienes importados, impactando adicionalmente en la inflación de bienes transables. Por eso, el balance final va a depender mucho de dos cosas: cómo evolucione el escenario internacional —en particular el dólar y las tasas externas— y cómo reaccionen las expectativas locales. Lo esperable sería transitar un 2026 con crecimiento moderado, aumento controlado de inflación y sin sobresaltos en el tipo de cambio.