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Miércoles 29 de Octubre, 2025 567 vistas

“El arte de elegir al menos peor”

Por Pablo Vela
Dicen que el voto es el arma del pueblo. Lo que no dicen es que muchos lo usamos como si fuera una simple “chumbera”: sin puntería, sin práctica y a veces apuntando al pie propio.
Cada cinco años nos acercamos a las urnas como quien entra a un restaurante sin mirar el menú: “bueno, a ver qué hay hoy” o preguntando en el almacén del barrio cual es la oferta del día. Luego nos quejamos de la digestión democrática.
Y ahí está el problema. No votar o votar sin pensar es como entregarle las llaves del país al primero que promete WiFi gratis, nafta a mitad de precio o terrenos como caramelos. Después nos sorprende que quien llega a un cargo de relevancia no esté, digamos a la altura del escritorio porque el que figura en la papeleta, en la “lista” que recibimos, luego lleva a su gente de confianza y nosotros ¿sabemos quién es su gente de confianza?
Porque hay gente que confunde gobernar con subir historias en redes. Que cree que un “me gusta” es una política pública. Que piensa que el presupuesto nacional se maneja con la misma lógica con la que se reparte dinero a cambio de votos, canastas de comestibles por los votos de la “barra” del barrio, etc. 
Y mientras tanto, los ciudadanos nos lamentamos con la misma frase de siempre: “¿Cómo llegó esa persona ahí?”
La respuesta es incómoda pero sencilla: llegó porque votamos (o no votamos) como si fuera una carga, una obligación económica (multa), una oportunidad económica (canasta de comestible o materiales)  y no una responsabilidad.
Votar informado no garantiza que todo salga bien, pero no hacerlo garantiza que alguien sin idea de lo que hace sí pueda llegar a lugar que luego nos generan molestias, ganas de reír, nuevamente enojos, vergüenza ajena y así sucesivamente.
Por ejemplo ahora, en pleno período “intraeleccionario” debemos ver (inclusive aún sin quererlo por un tema de masividad) cargos electivos que muestran más su desapego a las buenas costumbres que las cosas que buscan transmitir o deberían transmitir si quisieran hacer un correcto uso de las redes sociales, que nada tienen que ver con lo “mediocres” de sus hacedores de contenidos.
Ediles, diputados, senadores y demás expresándose de mala manera, de mala forma, a veces desinformando, a veces utilizando el trabajo de otro/s para tratar de sumar agua para su molino, otras veces visitando al hermano con nuestro dinero y publicándolo como la gran gestión, etc., todo responsabilidad nuestra.
Preguntemos, sin temor. ¿Y quién te acompañaría en tal asunto si llegás al cargo que buscás? ¿ y ese no tiene asuntos judiciales por aclarar? Y más, todo lo que haya preguntar.
Y por lo otro, ya es de público conocimiento lo que pensamos, si te van a buscar por “el estómago” porque saben que la estás pasando mal y son tan miserables de hacerlo: agarrales todo, a la hora de votar no saben que cumpliste con tu deber pero pensando a quien le cabe la responsabilidad de liderar un pueblo, un departamento o el país y si te fueron a buscar con “cosas” es porque precisamente esos no pueden gobernar ni siquiera un Jardín de Infantes.
Así que en las próximas elecciones, antes de poner la papeleta, hagamos algo revolucionario: leer. Comparar. Pensar. No elegir al más simpático ni al más viral, ni al más “potentado” sino al más preparado.
Porque si algo nos ha enseñado la historia es que el humor político es divertido hasta que se vuelve literal.