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Miércoles 05 de Noviembre, 2025 77 vistas

El cambio constante… y necesario

Por Lic. Alexandra Ledesma
Muchas veces surge la pregunta sobre si las personas podemos hacer un cambio real cuando se este se trata de modificar la forma de ser, de hábitos, de emociones o de la forma que tenemos de vincularnos, y puede que la respuesta sea en algunas situaciones un tanto contradictoria.
Algunos podrían decir que no son cambios, sino un mero disfraz, el ocultamiento momentáneo de lo que somos mientras que otros aseguran que el cambio real existe, siempre y cuando sea constante y consciente, que exista voluntad y claro, un entorno que acompañe y apoye estos cambios. 
Pero algo que si debemos estar seguros, que muchas veces no sucede solo con desearlo, sino que requiere compromiso, y también un alto nivel de autoconocimiento. Reconocer que arrastramos y repetimos patrones que dañan y nos dañan, y que pueden pasar desapercibidos por estar completamente internalizados. 
El primer paso, sin dudas, es el reconocimiento, entender que traemos con nosotros creencias limitantes, miedos, que pueden, mediante un proceso, ser reemplazados, por un nuevo yo mas consciente, por nuevas formas de actuar, evitando la reactividad. 
Este proceso no es nada sencillo, nos enfrenta a la incomodidad, a la necesidad de ver mi verdadera esencia para poder evolucionar a una versión mejorada y sana. Estos cambios pueden surgir de diversas crisis circunstanciales, duelos por perdidas o rupturas, o sea cual sea el vinculo. Un cambio de trabajo, una mudanza, también son momentos claves que dan paso a un nuevo “yo”, o por lo menos dejan abierta la puerta para que esto suceda. 
Pero también esta transición puede darse de forma premeditada, tranquila, por el simple hecho de decidir ser mejor. 
Pero en cualquiera de las dos, si y solo si podría decirse que el cambio es autentico si se sostiene en el tiempo y en las acciones, de nada sirve llenarse de promesas pasajeras, esto solo no perdura sino que nos llena la mochila un poco en vez de alivianarla. 
No implica que en el proceso no se flaquee, nada es lineal, también en la vida como en las calles, existen curvas peligrosas, carteles con avisos, muchos “PARE” o “CEDA EL PASO”, momentos en que aceleramos sin pensar en las consecuencias o cuando necesitamos ir a paso de hombre. Lo importante es no parar, es tener claro hacia donde ir, y no llevarnos puestos a nadie, o hacernos daño a nosotros mismos. 
Incluso cuando tendemos a volver a hábitos que nada buenos nos trae, podemos frenar y retomar el camino. 
Rodearnos de quienes nos brinden ese apoyo emocional que tanto bien hace es fundamental, nadie cambia en soledad, nadie. La contención nos sostiene ante nuestras propias resistencias. 
Cambiar, no es “dejar de ser” es usar eso que traemos para llegar a nuestra versión mejorada, libre y consciente, es reconciliarse con uno mismo, para alcanzar la madurez emocional, es dejar atrás viejos patrones que ya no encajan con la persona que quiero ser. 
En fin, se puede cambiar, el cambio es lo único constante, pero sin que sea por imposición, o por un mero impulso, es cuando decidimos hacernos cargo, cuando entendemos que merecemos y podemos ser mejores. ¿es lento? Si, ¿es doloroso? Sí, ¿cuesta? Sí. Estamos rompiendo con nuestro antiguo “yo”, todo duelo nos cala hasta los huesos, pero no deja de ser liberador. 
Recuerden algo, el cambio mas allá de ser constante se vuelve real cuando la premisa esta en hacer lo que decimos, y que sea este el camino a nuestra mejor versión.