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Lunes 14 de Septiembre, 2026 72 vistas

El temporal marcó un antes y un después para el sector hortícola salteño que busca reconstruirse tras pérdidas millonarias

Por José Luis Toriani 
El temporal del pasado 18 de julio marcó un antes y un después para el sector granjero salteño. Así lo señaló el productor Herico Ferreira, de la Colonia 18 de Julio a CAMBIO, quien describió un escenario de fuertes pérdidas en estructuras productivas, cultivos y fuentes laborales, agravado posteriormente por otras inclemencias climáticas. Ferreira explicó que en su establecimiento el temporal provocó importantes daños, especialmente en los invernaderos y microtúneles destinados a la producción de frutilla. “El temporal afectó muchísimo en la parte de estructuras”, señaló, indicando que los microtúneles prácticamente fueron barridos por el viento, dejando las plantas expuestas a la lluvia y al frío. La exposición de los cultivos generó consecuencias sanitarias importantes, particularmente en la frutilla. “Es muy nocivo” para el cultivo, sostuvo, destacando que recién recientemente pudieron recomponer parte de la producción y volver a cosechar con cierta normalidad. En el caso de los invernaderos, la situación fue aún más compleja. Ferreira señaló que algunas estructuras quedaron parcialmente en pie, pero las plantaciones que estaban dentro, entre ellas cultivos de morrón, sufrieron pérdidas importantes.
EL PROBLEMA DE LOS SEGUROS 
Uno de los aspectos que el productor puso sobre la mesa es la dificultad que tienen muchos granjeros para asegurar sus estructuras. Explicó que existen invernaderos que, aunque desde el punto de vista productivo continúan siendo útiles, por su antigüedad o por haber sido reparados en distintas oportunidades ya no resultan asegurables para las compañías. Ferreira rechazó la idea de que la falta de seguro sea simplemente una decisión de los productores. Recordó que años atrás una proporción mucho mayor del sector tenía sus estructuras aseguradas, pero la caída de la rentabilidad fue modificando esa realidad. “El sector viene arrastrando una baja rentabilidad desde hace bastante tiempo”, afirmó, señalando que actualmente los productores deben medir cada peso que gastan. Como ejemplo, comparó la situación de años anteriores con la actual, indicando que el precio del morrón se ha mantenido durante mucho tiempo en valores similares mientras que los costos y el tipo de cambio han cambiado sustancialmente. El seguro debería convertirse en una herramienta accesible para los productores, pero para eso se requiere una política especialmente diseñada para la realidad actual del sector.
INCERTIDUMBRE SOBRE LA AYUDA
Respecto a la respuesta del Gobierno, Ferreira manifestó preocupación por la falta de información concreta sobre los montos que finalmente recibirá cada productor afectado. Señaló que desde el temporal se han manejado diferentes cifras respecto al dinero destinado al sector, primero con anuncios de 30 millones de dólares, posteriormente 15 millones y más adelante una cifra cercana a los 4 millones. Sin embargo, sostuvo que los productores todavía no conocen con precisión cuánto recibirán. También cuestionó la expectativa generada en torno a que algunos productores podrían acceder a montos de hasta 40.000 dólares, explicando que para alcanzar esas cifras deben cumplirse determinadas condiciones vinculadas al nivel de daño, superficie afectada y seguros, entre otros factores. El sistema termina dejando en una situación especialmente complicada a quienes ya se encontraban en una posición económica más débil y no contaban con estructuras aseguradas.
LA MAGNITUD DE 
LAS PÉRDIDAS
En cuanto a las pérdidas económicas, Ferreira indicó que en los primeros días posteriores al temporal se manejó en Salto una estimación de entre 60 y 80 millones de dólares. Explicó que el temporal ocurrió precisamente cuando Salto comenzaba a convertirse en una de las principales fuentes de abastecimiento de frutas y verduras para el mercado metropolitano, por lo que la interrupción de la producción tuvo un impacto significativo. Los productores no están reclamando necesariamente que el Estado cubra la totalidad de las pérdidas, sino que la asistencia permita reconstruir realmente la capacidad productiva. En ese contexto, considera que una ayuda limitada resulta insuficiente para recuperar las estructuras dañadas. Mientras esperan definiciones, los productores continúan afrontando los costos de la reconstrucción con recursos propios, ahorros familiares y financiación de empresas proveedoras de insumos. Advirtió que si el sector granjero salteño no logra recuperarse, la consecuencia no será solamente para los productores y trabajadores vinculados a las chacras, sino también para los consumidores.  El golpe también afecta directamente a la mano de obra vinculada a la horticultura salteña. Estimó que más de 400 familias de productores y entre 3.000 y 4.000 puestos de trabajo directos se encuentran afectados en mayor o menor medida por la situación.