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Domingo 22 de Febrero, 2026 29 vistas

El valor de la palabra

Por el Dr. César Suárez
Hay una enormidad de términos usados en el lenguaje corriente que en forma individual o como parte de una frase tienen un significado concreto claramente definido por el diccionario de la Real Academia Española, en otras ocasiones pueden tener más una interpretación o un simbolismo especial que mucho más allá de lo que un término señala generando interpretaciones simbólicas, alegóricos, metafóricas que se hace necesario interpretarlas en un contexto ligado a elementos culturales en el que los actores se desempeñan.
Hay muchas formas de comunicar mensajes, ideas, propuestas, necesidades donde el lenguaje corporal juega un papel trascendente que es el primero al que se recurre cuando no se ha logrado aprender a manejar el lenguaje oral como sucede con los niños pequeños que aún no han logrado aprender a hablar, después, con el tiempo llegana lograrlo a través de un esfuerzo de imitación de lo que se oye y que de inicio simboliza objetos y nombres de personas y/o mascotas.
Primero es la palabra aislada, luego, la unión de 2 o más palabras para ir logrando formar frases que encierran un concepto.
La palabra es la unidad de la comunicación dando origen al idioma, herramienta que nos permite intercambiar para poder trasmitir, pensamientos, ideas, conceptos para todos aquellos que hablamos la misma lengua, lamentablemente en el mundo hay numeroso idiomas y dialectos que dificultan la comunicación global.
Si uno recurre al diccionario de la Real Academia Española, define al término palabra como: Unidad lingüística, dotada generalmente de significado, que se separa de las demás mediante pausas potenciales en la conversación y blancos en la escritura.
Pero más allá del significado textual del término palabra, suele tener un enorme valor simbólico que desborda ampliamente su significado como tal.
En la actualidad, en el mundo entero se firman documentos entre personas, entidades, empresas, instituciones y países con el propósito de fijar condiciones negociadas en los acuerdos y asegurarse del fiel cumplimiento da cada uno de los términos que los notarios se encargan de redactar de acuerdo a la condiciones pactadas por las partes y supervisar que todo lo acordado transite por los carriles que marcan la ley de cada país, documentos que saldrán a luz ante cualquier controversia o incumplimiento para obligar a la parte que ha violado el acuerdo firmado.
En algunas circunstancias y antes más que ahora, esos acuerdos no necesitaban documento ni firma de ninguna parte porque el valor más firme e inviolable era la palabra empeñada que estaba por encima de cualquier “papel” cargado de firmas y el honor de la persona era mucho más potente que cualquier firma y que aseguraba el fiel cumplimiento de los términos negociados.
Yo he sido testigo en innumerables oportunidades a lo largo de mi vida del fiel cumplimiento de palabras empeñadas sin que hubiese habido ningún documento que lo avalara.
Lamentablemente, en la actualidad, vivimos innumerables historias de estafas, donde las palabras han sido la herramienta para el engaño pergeñado por los que se especializan en derribar el concepto de buena fe que debiera regir en cualquier acuerdo.
La palabra entonces es la herramienta de comunicación entre seres humanos que, en ocasiones en el instrumento de entendimiento entre las personas de buena fe, pero lamentablemente, en otros casos y cada vez más frecuentemente es una herramienta para la estafa que llevan a cada vez más gente desconfiar de lo que escuchan y a estar continuamente en guardia y ya no confiar en nada ni en nadie, terreno en que la palabra acordada ha ido perdiendo valor.