Por Cary de los Santos Guibert
En julio de 1918, cuando el invierno endurecía las calles del Salto Oriental y el movimiento urbano dependía todavía de carros, caballos y carreros, un redactor del diario La Tarde transformó una pequeña desgracia cotidiana en una simpática crónica costumbrista. Publicada el 17 de julio de aquel año bajo el título «Buscando un carro», la nota retrata con ironía y sencillez las dificultades de la vida diaria en una ciudad que despertaba lentamente entre el frío y la escarcha.
LA ODISEA DE CONSEGUIR UN CARRO
Aquella mañana, rompiendo una costumbre poco habitual para él, el cronista decidió levantarse a las seis para trasladar algunos «bártulos». Convencido de que madrugar le facilitaría la tarea, salió a las calles en busca de un carro. Sin embargo, pronto descubrió que la ciudad parecía desierta. No había vehículos disponibles. Apenas se cruzaban las jardineras de los repartidores de leche, pan o carne. El «carrito» que necesitaba parecía haberse evaporado junto con el movimiento urbano.
RECORRIDAS INÚTILES
El periodista inició entonces una larga peregrinación. Pasó por la plazoleta del mercado, la estación del Noroeste y el puerto, convencido de que en alguno de aquellos puntos encontraría carreros disponibles. Pero en todos lados obtuvo el mismo resultado: nada. Una idea le devolvió algo de esperanza. El día anterior había llegado un tren del Midland y seguramente, pensó, los carreros estarían ocupados descargando mercaderías. Caminó entonces hasta aquel sitio, soportando el frío de la mañana, sólo para descubrir otra decepción: tampoco allí había un solo carro.
EL HALLAZGO INESPERADO
Ya cansado y resignado, emprendió el regreso hacia la Plaza Treinta y Tres. Eran cerca de las ocho y debía concurrir a la redacción. Fue entonces cuando, casi frente a la imprenta, divisó finalmente un caballo unido a un carro. El alivio duró poco. El carrero resultó ser sordo. Tras varios intentos y frases entrecortadas, el hombre apenas respondió con naturalidad: «Escribí... Yo sé leer».
UNA ESCENA DE OTRO TIEMPO
La anécdota, aparentemente trivial, revela mucho más que una simple búsqueda frustrada. Refleja el ritmo pausado de la ciudad, las dificultades del transporte urbano y el ambiente de una mañana helada en el Salto de comienzos del siglo XX. Con humor y observación aguda, aquel cronista de La Tarde dejó retratada una escena mínima, pero profundamente humana, de la vida cotidiana salteña.
REFERENCIAS:
-»Bártulos» es una palabra antigua y bastante usada en crónicas y relatos costumbristas para referirse a objetos personales, trastos, herramientas, equipaje o cosas que alguien debe trasladar.