Con tan solo 14 años Gonzalo De los Santos debutó en primera división en Salto y con 15 emigró a la capital, fue campeón en Peñarol y llegó a España, donde jugó 12 años ininterrumpidos en la elite. Una trayectoria que vuelve a recorrer en este díalogo con CAMBIO.
«Me ciré en calle Asencio y Paraguay, en las viviendas para militares, donde también nació y vivió Luis Suárez, hijo del ‘Perro’ Suárez, con quién éramos vecinos. Mi papá Salvador De los Santos, era militar, 50 años al servicio del ejército, mi madre Blanca Da Rosa. Soy el menor de cinco hermanos varones, jugadores de fútbol todos. Con 4 años nos mudamos a calle Charrúa 973 entre Soca y Osimani en barrio Palomar. Mi pasión por el fútbol y el contacto con la pelota fue por mis hermanos. Debo gran parte de mi carrera a los consejos de mi padre, que me exigió como todo padre, pero también mirando el espejo de mis hermanos, que tenían grandes condiciones futbolísticas. Lamentablemente sí al fútbol no lo acompañamos con una vida acorde es muy difícil hacer carrera. Mis hermanos, el ‘Topo’, un todo terreno, podía jugar de volante central, por derecha, como por izquierda lo hacía todo bien, era un jugador muy completo. Por él pude dar mis primeros pasos en Chaná con 13 años en primera en un fútbol muy de hombres y él me respaldaba. Salvador, puntero de los antiguos, era uno contra uno, velocidad y centro. Después Nelson, un volante central a la antigua, bien parado, con voz de mando, jugó en varias selecciones de Río Negro con Cerrilla, Masantti, Giaconi, los hermanos Soria. Esos partidos de hombres, los ví siendo niño. A través de ellos tuve la oportunidad de ver grandes equipos, como al ‘Topo’ en el Deportivo exitoso, después jugó en Nacional, también defendió la selección salteña, termina en Chaná jugando conmigo. Un lindo recuerdo en Chaná fue haber jugado juntos cuatro de los cinco hermanos, Néstor al arco, el ‘Topo’ de ‘5’, Salvador que había vuelto de Montevideo de puntero y yo como ‘5’ con 14 años, en el 91′ fue es».
«Después el sueño de todo niño poder jugar en el fútbol profesional y más en Peñarol, el cuadro que toda mi familia es hincha. Mi padre siempre hablaba del glorioso Peñarol de la década de los 60′. La gente de Peñarol me viene a hablar, para que fuera a jugar en la quinta, ante la duda de mis padres si me dejaban ir tenía 15 años. Recuerdo que el presidente de Chaná en ese momento, Oscar Rodríguez, y mi hermano Nelson hablaron con mi padre porque la gente de Peñarol insistía. La condición era que siguiera estudiando en Montevideo. Al final me voy a practicar a Peñarol, con Rafael Rivas y Wilson Núñez, el golero que había venido de Bella Unión. Fui el único que tuvo la suerte de quedar. Jorge Fossati me dijo que quedaba. Los 5 años que jugué en Peñarol fueron muy rápidos, como un abrir y cerrar de ojos, porque con 20 años ya estaba jugando en Europa».
GREGORIO, UN PADRE
«En primera de Peñarol, Gregorio Pérez fue mi padre futbolístico, un hombre que sabía cómo llevar a los más chicos cuando los ascendía. Ascendimos juntos con ‘Tony’ Pacheco, Federico Magallanes, ‘Nico’ Rotundo, el ‘Tato’ García, Sebastián Flores. Fue una camada como pocas veces se vio en el fútbol uruguayo y la mayoría termina siendo parte del quinqueño. Estuvimos rodeados por jugadores que eran como próceres en el club, como Pablo Bengoechea, el ‘Tano’ Gutiérrez, el ‘Chueco’ Perdomo, José Enrique De los Santos, ‘Pato’ Aguilera, De Lima. Se fue generando un mix de juventud con hambre de conquistar cosas, con gente de mucha experiencia, con retorno de jugadores que estaban en un buen momento. Otro sueño cumplido fue salir campeón con Peñarol».
«Con 18 años tuve la posibilidad de integrar una selección uruguaya, un espaldarazo a mi corta carrera en el fútbol. Fue todo rápido, pero eso me dio la posibilidad que me miraran equipos de Europa, también River, Boca de Argentina. En el año 97′ Mérida de España, que estaba en primera, fue el equipo que apostó por mí y me dio la posibilidad de jugar 38 o 40 partidos en la temporada, permitió que me conocieran, que fue lo más importante para mí, para un jugador que recién pisaba Europa. Después me compró el Málaga y tuvimos una campaña descollante y un par de temporadas en un buen nivel. Eso me permitió que Valencia me comprara. ‘Rafa’ Benítez recién llegaba a Valencia, insistió mucho por mí, y pagaron un precio muy alto por mi fichaje, un contrato por seis años y ahí tuve la posibilidad de obtener un título de Liga, la Supercopa de Europa, la oportunidad de jugar dos Champions, una UEFA. En esos seis años fui cedido al Atlético Madrid, donde me fue muy bien y me llenó mucho por la manera de vivir con sus hinchas. Retorné a Valencia, fui a préstamo a Mallorca, donde Héctor Cúper era el entrenador. Mis dos últimos años en España fueron en el Hércules de Alicante, un equipo histórico también, con exigencias diferentes pero con mucha responsabilidad. Y así cumplí doce temporadas en el fútbol de España, algo que nunca imaginé que me iba a pasar en mi vida, teniendo en cuenta lo difícil que es una carrera como jugador, no solo llegar, sino mantenerse en el tiempo».
«La diferencia de mi época y la actual hoy está en las redes sociales. Un pibe juega 3 partidos en primera división y ya lo conoce todo el mundo. Nosotros en nuestra época no teníamos redes sociales, uno hoy lo cuenta con orgullo y satisfacción. Hay cosas que uno quiere ver otra vez de la época en que jugó y no las encontrás, además de los títulos logrados con Valencia. Hoy apretás un botón y está la mejor jugada que hiciste, ves dónde estuvo tu error… en nuestra época no, nos queda solo el recuerdo».
EL LOGRO MÁXIMO: URUGUAY Y EL MUNDIAL
«Otro sueño fue haber vestido la camiseta de mi país en un mundial, es el logro máximo que puede realizar un futbolista, además de jugar eliminatorias. Pero jugar un mundial es como tocar el cielo con las manos, lo que le doy mucho valor dentro de mi carrera. De hecho tengo una galería de camisetas de grandes jugadores, que son trofeos de guerra, que cuando más pasa el tiempo más valor tienen. Hoy existe un proceso de selección, nosotros cuando viajábamos, llegábamos y no sabíamos dónde concentrábamos. Después más cerca del Mundial 2002 empezamos a concentrar y aparece con el tiempo el complejo Uruguay Celeste.
«Los grandes jugadores
se hacen en el campito»
«Empecé en el baby fútbol en Ferro Carril a los cinco años en el CRES, jugando por un helado. Recuerdo a Teresita Grassi, ‘Boby’ Grassi que me iba a buscar a casa y me traían, a Aruaci Céspedes, mi primer técnico. Después de los ocho hasta los doce años estuve en Deportivo Artigas, hasta que con 13 años debuté en la primera de Chaná. No me quiero olvidar de los picados en el fondo de la sede de Palomar, donde salí fortalecido. Ahí me hice jugador de fútbol, siendo muy chico me entreveraba con gente grande, pero que habían sido jugadores de fútbol. Siempre digo que los grandes jugadores se hacen en el campito, y jugando desde niños con la gente mayor, para después debutar joven en primera».
Valencia se codeó con
los grandes de Europa
«El sistema táctico del Valencia que ganó todo con Rafa Benítez como entrenador siempre fue 4-2-3-1. El tema es que de mitad de cancha hacia adelante estaban Vicente, Curro Torres, Aimar, Angulo, Rufete, Kily González, el ‘Ratón’ Ayala, Pellegrino, Cañizares en la portería, Sánchez, Baraja, Fabio Aurelio, Carbone el italiano. La verdad que fue un deleite haber jugado en ese equipo, ganamos en todos lados, tanto en España como por toda Europa. Los rivales en liga y Europa a vencer son por su orden Real Madrid y Barcelona, los equipos que más mira la gente en el mundo. Haberlos enfrentados y como visitante también fue de las cosas lindas que me pasaron».
«Con el proyecto de selección de hoy otra hubiera sido la historia»
«El grupo de jugadores que fue a Corea-Japón no tenía el apoyo político-deportivo de la AUF. Con el proyecto que hay hoy aquella selección hubiera tenido muchísimos logros deportivos, porque tenía una calidad de futbolistas impresionante, Montero, Pacheco, Recoba, Magallanes, Fabián O’Neil, futbolistas que hoy insertados en un proyecto hubieran tenido otros resultados. La gente se aferra a esta generación porque fue a tres mundiales seguidos, cosa que antes nos costaba más. Lo que nos costó clasificar a nosotros fue tremendo, fue muy difícil el camino, pero lo disfrutamos mucho. El mundial ni que hablar, el primer mundial organizado en dos países. Anduvimos bien los amistoso previos, pero se nos lesiona O’Neil, lo que nos deja un poco rengos en esa zona de juego. Perdimos 2 a 1 con Dinamarca en partido parejo, empatamos con Francia y se pudo ganar, y el último partido con Senegal hicimos un mal primer tiempo y un gran segundo, en los descuentos luego de empatar 3 a 3, el ‘Chengue’ erra un gol de cabeza; la pelota venía con efecto, pone la cabeza y erra el arco. Si hacíamos ese gol pasábamos y otra hubiera sido la historia».