DESCRIPCIÓN DE LOS
RÁPIDOS DEL SALTO CHICO
Continuando con el relato del naturalista francés Dr. Martin de Moussy, en su viaje de exploración, al llegar al Salto Chico, lo describe de la siguiente manera:
“…En la boca misma del arroyo San Antonio, una legua arriba de la ciudad, se presenta el Salto Chico. Es, como los Corralitos, un cordón de rocas, pero son mucho más numerosas y más cerca de la superficie del agua; estando bajo el río toda navegación es imposible. Desde este punto, subiendo aguas arriba, se ven por todas partes arrecifes y piedras, bancos de pedregullo. El Salto Grande está a cuatros leguas, entre la boca del Gualeguaycito y la del Itapebí. Toda esta parte del río que no tiene más de dos millas de largo sobre media milla de ancho, está llena de islitas cubiertas de sarandíes, de rocas que ostentan sus crestas negras arriba de las aguas espumosas. La verdadera caída perpendicular del agua está cerca de la costa oriental; ocupa un corto espacio entre la tierra y una isla. En las más fuertes bajantes, la caída puede ser de cinco a seis varas, a lo más; cuando el viento es favorable el ruido se percibe hasta las villas del Salto y de Concordia, cinco leguas abajo, y arriba hasta Constitución y Federación. La costa oriental es baja y casi al nivel de las aguas; la costa occidental, al contrario, es pedregosa y cortada a pique en muchos puntos. La roca es calcárea… No hay caída de este lado; es un plano inclinado que las aguas recorren con suma rapidez. La canal principal es estrecha y bordeada de rocas, pero hay casi siempre bastante agua para las embarcaciones pequeñas; sin embargo, la navegación entonces no tiene objeto, y es muy peligrosa por la suma rapidez de la corriente…”
NAVEGACIÓN AL ALTO URUGUAY
La navegación al Alto Uruguay, en esa época cuando aún no se había aplicado derrocamiento alguno en el Salto Grande o instalación de esclusas, era atendida por inmigrantes y algunos correntinos con embarcaciones a velas del cabotaje, pero por las condiciones de la navegación la travesía y los fletes se hacían altamente costosos. El Dr. de Moussy, ilustra magistralmente con sus palabras y pensamiento, la problemática de los viajes al Alto Uruguay, de la siguiente forma:
“…En el estado actual de cosas, la navegación del alto Uruguay se hace por buques de cabotaje, tripulados en su mayor parte por italianos. Algunos correntinos se emplean en la navegación del alto Uruguay. Todos estos marinos son generalmente hábiles, decididos para el trabajo y reconocidos por su honradez, pues la mayor parte son padres de familia dedicados desde muchos años a esta navegación. Los viajes de abajo a arriba son largos, y no puede ser de otra manera pues para remontar es preciso siempre tener un viento hecho del S. o del S.O. El S.E., tan frecuente abajo, no sopla en todas las vueltas, y siendo el viento contrario habiendo calma, hay algunas veces necesidad de descargar los buques. En resumen, se puede contar aún en circunstancias favorables se necesita un mes para ir de Buenos Aires a San Borja, a pesar de que no haya más de 200 leguas marinas. Pero el pampero no sopla, término medio, más de tres veces por mes, el del sur dura poco, y el del sudoeste no es siempre favorable en las vueltas. Al bajar en época de creciente no hay ninguna dificultad, pues la corriente ayuda, y los vientos de arriba son siempre más frecuentes que los de abajo. Así sucede que los fletes del alto Uruguay son generalmente caros. Al subir se calculan por cargamento; al bajar se calculan por arrobas, particularmente estando cortado el río. Los objetos de importación son comestibles y bebidas, artículos de fabricación europea y sal. Este artículo es de suma necesidad en las Misiones del Brasil y en la Sierra, pues los animales no pueden mantenerse sin él. Itaquy es el punto principal que sirve de depósito a las ingentes cantidades de este mineral que se remiten de abajo; las tropas de carretas van a distribuirlas en todo el N.E. de la provincia de Río Grande do Sud, y hasta la de San Pablo en la sierra. El alto precio de los fletes es un inconveniente muy grande para los pueblos del alto Uruguay, pero podría disminuir por efecto de la concurrencia y construcción más apropiada de los buques…”
IDEA DE CANALIZAR EL SALTO CHICO
Y REFLEXIÓN DEL MARINO IMPERIAL
En un manual sobre la navegación en la Cuenca del Río de la Plata, el teniente de navío de la marina imperial de Francia – Mr. A. Boucarut, en sus escritos nos dejaba su idea para eliminar el obstáculo del Salto Chico.
“…El salto chico, que no es más que un arrecife que con las crecidas desaparece, y aun el grande que también se vence cuando el agua sube mucho, podrían hacerse navegables en todo tiempo canalizándolos, y con estos los buques de poco calado podrían llegar hasta los pueblos de Misiones y obtener de primera mano los ricos productos de que abundan…”
Finalmente sobre los accidentes geográficos del Río Uruguay, brinda los siguientes datos y reflexión:
“…Todos estos obstáculos, que para barcos de vela son de mucha cuantía, desaparecerán ante la aplicación del vapor á esas ricas vías fluviales, produciéndose un cambio radical en la navegación de una gran parte del Uruguay, como se está operando ya en el Paraná y el Paraguay. Vapores de proporcionado calado y fuerza, tanto para remolques como para viajeros, deberán remplazar en breve la monótona navegación de las lanchas y goletas que cuentan siempre con una corriente contraria, y pocas veces con vientos favorables para vencerlas. Ya en día hay líneas de paquetes de vapor que llegan hasta Paysandú…”.
Me llama poderosamente la atención: en las apreciaciones del marino imperial, no menciona los vapores «Progreso» y «Palmira» de Agustín Silveira, que hacían la carrera del Uruguay desde Montevideo hasta el Salto. Lógicamente, en el año (1858) de la publicación del “Manual de la Navegación en el Río de la Plata” los buques a vapor “Salto” y “Montevideo” de la Compañía de Navegación Oriental “Salteña”, se estaban construyendo en Escocia, Inglaterra.