La Asociación de Amigos de la Escuela Pública de Salto homenajea a los maestros en su día adhiriéndose mediante una reflexión de Norberto Sagnol que recuerda la cercanía del maestro y los niños en el inicio de la etapa escolar.
EL MAESTRO
Era mi primer día de clase…La novelería me despertó muy temprano en la mañana. Al desayunar noté en el rostro de mi madre su tradicional alegría y una vaga tristeza. Luego m i Mamá tomó una túnica blanca con la que me vistió primorosamente y colocó en el cuello un hermoso moño azul. Descubrí que al mirarme sus ojos parecían más grandes, mientras papá se movía nervioso intentando darme ánimo. Mamá y Papá me tomaron la mano y nos encaminamos a la escuela. Al llegar un murmullo de tímidas vocecitas ponían marco a los niños que vistiendo túnicas blancas como inquietas palomitas se confundían con los azahares del jardín para dar sus primeros pasos en la escuela. Mis padres soltaron mis manos que la maestra tomó con suavidad y firmeza. Sentí el calor de su mirada. Nos llevó al salón de clases donde nos sentamos junto a muchos niños. ¿Cómo te llamás? Nos dijo mientras acariciaba nuestras cabecitas. Nos contó un cuento y cantó una canción. La campana nos indicó el recreo donde nos invitó a jugar. La maestra nos enseñó el orden al formar fila, de no precipitarnos para tomar el café, de compartir la merienda. Nos permitió a saltar la cuerda y cuando un compañero cayó nos indicó ayudarlo a levantarse tendiéndole una mano. Nos enseñó las letras y los números y a juntarlas para crear palabras y cifras que nos dijo nos ayudarían a comunicarnos con nuestros Papás si algún día nos sentíamos lejos. Vacaciones, un nuevo año y ahora un maestro. Noté que al igual que ayer, la calidez de su voz, su mirada franca, sus manos tendidas y la firmeza de sus pasos nos daban seguridad. Era como estar con mis padres. Pasó el tiempo, crecimos. En la escuela aprendí a querer a mis amigos, qué es querer a m i gente, amar la patria, a nuestro Salto, al río. En la voz del maestro conocí la poesía de Marosa y los Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga, las letras de Enrique Amorim, Víctor Lima y tantos. Conocí a mis compañeros de clase y el valor de su amistad. Un día crecí y dejé la escuela. Y allí estaba el maestro junto a nosotros como ayer. Aquella mano que un día me ayudó a entrar, hoy se tendía para decirme adiós. Sentí que temblaba, vi que sus ojos parecían nublarse y noté que sus cabellos se veían grises. Al des pedirme dijo “no te sientas tristes, no mires atrás, pero no olvides. Allá adelante el futuro te espera y recuerda que te queremos mucho. Cultiva los afectos, será el tesoro que siempre tendrás en tu corazón. Ahora ve, camina”. Pasaron los años, liceo, estudio, trabajo y un día caminando por la vida encontré al maestro. La misma sonrisa, la misma ternura. Me tomó las manos y su cálida voz me dijo: “¡Qué grande estás! Como ayer “¡Te quiero mucho!”.
Dos lágrimas surcaron mis ojos, los suyos también.
¡Feliz Día del Maestro!
Norberto Sagnol.