Por el Padre Martín Ponce De León
Llama la atención que sean los apóstoles quienes pidan a Jesús que les aumente la fe.
Tenían la oportunidad de compartir muchos momentos con Jesús. Podían escuchar en directo sus palabras que les planteaban su propuesta de vida. Podían compartir la cercanía de sus signos que despertaban admiración.
Si ellos solicitaban se les aumentase la fe ¿que dejamos para nosotros?
En primer lugar, debemos dejar bien en claro lo que podemos entender por fe, para ello es muy sencillo comenzar por lo que no es.
La fe no es creer en determinados principios o cumplir con determinas prácticas. La fe no es el decir algunas oraciones o, en determinados momentos, evocar a Dios. La fe es la experiencia de Dios que tenemos en lo cotidiano de nuestra vida.
Es poder saber que, en lo cotidiano de nuestro vivir, Dios está presente para establecer con nosotros una comunicación que nos motiva a actuar de una determinada manera. Cotidianamente nos va ayudando a ir intentando asumir el estilo de vida que el Jesús de los relatos evangélicos nos propone como medio para estar en relación para con Dios.
Eso hace que la fe sea una realidad que, progresivamente, vamos plasmando en nuestra manera de posicionarnos con Dios y con los demás.
La fe no es un algo que podemos guardar en nuestro interior o un algo que nos fortalece en una vivencia espiritual intimista. La fe dice, necesariamente, de una manera de relacionarnos o brindarnos a los demás.
Los apóstoles, en su seguir a Jesús, estaban motivados, muchas veces, por intereses que no condecían con los de Jesús. Lo seguían con intereses que se quedaban muy lejos de los intereses que movían a Jesús.
Tal vez, entre nosotros, no ocurra una situación parecida a la de los apóstoles, pero, tampoco estamos muy cerca, de la propuesta de la fe que Jesús nos propone.
Jesús nos plantea la experiencia de la fe como una actitud de vida donde nos encontramos con Dios para que, dejándolo actuar nos realicemos como personas y ayudemos a otros a que se experimenten dignos como seres humanos.
Esta fe de la que nos dicen los relatos evangélicos es un algo que implica mucho a quien intente hacerlo vida.
En primer lugar, es una realidad que requiere en estar en un constante descubrimiento puesto que Dios constantemente nos está sugiriendo realidades nuevas. La fe no es una
Experiencia que se repite sino una constante novedad, un constante estar descubriendo y aprendiendo.
En segundo lugar, es una realidad que nos debe encontrar con Dios en una constante actitud de escucha ya que no buscamos, con la fe, que Dios nos haga los gustos sino estar disponibles para complacer los suyos.
En tercer lugar, estar dispuestos a llevar a la práctica lo que Dios nos solicita y ello es, siempre, un estar muy atentos a lo que nos rodea puesto que es allí donde debemos encauzar las diversas solicitudes de Dios.
Por último, poder tener un corazón dotado de un creciente espíritu de gratitud puesto que es por su inmenso amor que desea contar con nosotros para que su Reino crezca. No cuenta con nosotros por nuestros méritos o nuestras capacidades sino por su amor hacia nosotros.
Por ello, creo yo, podemos, como los apóstoles, suplicarle a Jesús: “Auméntanos la fe”.
Sábado 11 de Octubre, 2025 429 vistas