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Viernes 21 de Noviembre, 2025 57 vistas

¿Cuánto debe preocuparnos?: EE.UU, su despliegue militar en Latinoamérica y el Caribe y las amenazas de agresión

Por Daniel Dalmao.
Podríamos decir (parafraseando de alguna manera una célebre frase de Marx y Engels en el “Manifiesto”) que “la historia de nuestra América independiente es, la historia de las intervenciones de los Estados Unidos” (EEUU). Es que desde 1823 cuando el presidente de los EEUU, James Monroe, enunció los principios de la doctrina que lleva su nombre hasta acá, el historial de intervenciones “yanquis” en todos los países de nuestro continente es inmenso. La “Doctrina Monroe” se sintetiza en la frase “América para los americanos”, que en realidad significa “América para los EEUU”. Asociada a esta doctrina tenemos la peyorativa frase que considera a América Latina y el Caribe (ALyC) como “el patio trasero de los EEUU”.
En materia de intervenciones norteamericanas en AL y C tenemos de las más variadas formas: Injerencia en los asuntos internos de los diferentes países, lo que ha quedado largamente documentado a través de profusas investigaciones históricas. Ocupaciones militares directas (como en Nicaragua, República Dominicana y Haití durante varios años en el primer tercio del Siglo XX). Invasiones como la de “Bahía de Cochinos” (Cuba 1961) intentando derrocar a la Revolución cubana o la de Granada en 1983, o la de Panamá en 1989 provocando varios miles de muertos en el barrio de “los chorrillos” con la excusa de la captura del general Manuel Noriega quien, cuando no, había sido su aliado trabajando para la CIA. Apoyando política, financiera y militarmente contrarrevolucionarios como en Nicaragua. Impulsando y apoyando golpes de Estado y dictaduras. Imponiendo la “doctrina de la seguridad nacional”. Formando cuadros militares desde la “Escuela de las Américas” en Panamá. Con “bloqueos” como el caso de Cuba que se ha mantenido durante más de 60 años provocando inmensos daños a su pueblo. Este bloqueo ha sido rechazado por una abrumadora mayoría de los países que ha exigido su fin desde la ONU votando año tras año, pero, haciendo caso omiso a este clamor mundial, los distintos gobiernos estadounidenses lo han mantenido.  Asediando mediante guerras sicológicas y continuas campañas de desprestigio, así como apoyando incontables intentos de derrocar a un gobierno como en el caso de Venezuela. Corresponde aquí, atendiendo al limitado espacio que disponemos, un largo, larguísimo etcétera.
¿Y hoy, en qué estado está la “doctrina Monroe”? Más viva que nunca. Se expresa en el desproporcionado despliegue militar en el Caribe con sus buques de Guerra, sus aviones, su portaaviones Gerald Ford (el más grande del mundo), sus amenazas de invasión a Venezuela, sus provocadores “ejercicios militares”, sus bombardeos a lanchas en el Caribe y en el Pacífico (22 botes destruidos y 83 muertos según CNN en español del 16/11). Pero también se la ve en las infundadas acusaciones al presidente Petro de Colombia y las sanciones a él, su familia y a integrantes del gobierno. Cuando se inmiscuye con la justicia brasilera que está juzgando a los golpistas encabezados por el ex presidente Bolsonaro. Cuando amenaza a México con invadirlo para combatir al narcotráfico. Cuando interviene descaradamente en la política financiera y en las elecciones de la Argentina  y cuando pone de rodillas al presidente Milei (a quien no parece costarle nada esa posición frente a su admirado Trump) haciéndolo firmar un acuerdo de “entrega” del país y sus riquísimos recursos naturales como parte del pago por su “generosa” ayuda. Cuando dice que “hay que sacar a China de la Región”.
Llama mucho la atención, no por no tener antecedentes históricos, la liviandad y escases de argumentos para justificar esta política agresiva e intervencionista que lleva adelante la administración Trump. Nada de lo que dice el presidente norteamericano y sus ministros (sobre todo el Secretario de Estado Marco Rubio y el Ministro de Guerra Pete Hegseth) es creíble. Toda esa historia que Venezuela es responsable de gran parte de la droga que entra a los EEUU y que estaría matando al pueblo norteamericano, así como que Maduro, el presidente venezolano, es el jefe de una organización narcoterrorista, es una inmensa payasada mentirosa que no se la cree casi nadie (excepto aquellos que pueden estar muy desinformados o los gobernantes y políticos de actitud genuflexa frente al poder imperial).
Las causas habrá que buscarlas por el lado de la decadencia del imperio norteamericano, su pérdida de influencia a nivel internacional y sobre todo en los problemas de su economía que lo están llevando a ser superados por otras economías emergentes. En su nerviosismo frente al multilateralismo y la aparición de otros organismos que ponen en cuestión su hegemonía como es el caso de los BRICS.
La actitud ante la agresividad, las amenazas, y el peligro de guerra pasa, sin dudas, por la firmeza de pueblos y gobiernos, la independencia y la dignidad para exigir mantener nuestra región como una Zona de Paz, libre de guerra. Condición que fue asumida por la CELAC en 2014. Así debe seguir.