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Viernes 24 de Abril, 2026 103 vistas

El Retorno

Sandro: —Buen día, buen día. No sé por qué percibo que es un día de diálogos positivos el de hoy. El sol pega distinto, la gente anda con otra cara... ¿no les parece?
 

JotaCe: —Miralo a Sandro, arrancó con el «optimismo oficialista» en sangre. Sí, tan positivo como la brillante idea del Ministerio del Interior de proponer jardines para bajar la delincuencia. Sandro, decime la verdad: ¿tus compas se hacen o nos toman por idiotas a tiempo completo? ¿Qué sigue? ¿Pedirle al delincuente que no tire porque pisa los malvones y las rosas? Una pelotudez… 


AI: —Si me permiten una acotación técnica, la propuesta no es paisajismo recreativo. Se basa en la teoría de la «Prevención del Delito Mediante el Diseño Ambiental». El argumento es que espacios iluminados y cuidados reducen la sensación de impunidad. Sin embargo, JotaCe tiene un punto: un jardín sin presencia policial es solo un escondite con mejor aroma. La eficacia depende de la gestión integral, no de la botánica.


Sandro: —¡Es que no entienden nada! Se trata de recuperar el barrio, de que el vecino gane la vereda. Pero bueno, pasemos a lo importante. El director de Inteligencia, Mario Layera, fue al Parlamento y soltó tres bombas: producción de fentanilo acá, terrorismo en la frontera y carteles narcos instalados. ¿Eso también es un jardín, JotaCe?


JotaCe: —Eso es el mundo real golpeándonos la puerta mientras acá discutimos si el pasto está corto. Si Layera dice que hay laboratorios de fentanilo, es que la cosa ya se nos escapó de las manos. Estamos hablando de la droga que tiene a Estados Unidos zombi, y nosotros acá, en el paisito, con fronteras que son un colador.


AI: —Los datos de Layera son consistentes con la tendencia regional. Uruguay dejó de ser un simple lugar de tránsito. El fentanilo es altamente rentable porque se fabrica en espacios mínimos. Respecto a los carteles, la «profesionalización» de las bandas locales con nexos internacionales es el mayor desafío logístico para el Estado en décadas. No es una amenaza futura; es el escenario actual.


Sandro: —Bueno, pero para escenarios complejos, miren lo que dice el compañero senador Eduardo Brenta sobre las AFAPS. Dice que los plebiscitos no dejan leyes grabadas en piedra. Ya estamos avisando que, si sale lo de las AFAPS, verán cómo lo manejamos. Y después venimos con el voto consular, porque en la diáspora hay un importante caudal de votos.


JotaCe: —¡Es increíble! Se pasan la voluntad popular por donde no les da el sol. Si la gente vota algo en un plebiscito, es la Constitución, ¡es piedra! Pero claro, a Brenta y al Sandro les gusta la democracia solo cuando el resultado les conviene. Lo mismo con el voto consular: quieren que el que vive en París decida qué impuestos pago yo en Salto.


AI: —Hay una distinción jurídica importante. Una ley puede modificarse, pero un mandato constitucional surgido de un plebiscito requiere otro mecanismo de igual jerarquía para ser revertido. La declaración de Brenta sugiere una interpretación política para mitigar los efectos económicos si se aprueba la reforma. En cuanto al voto consular, es un debate de identidad vs. representatividad: el derecho a la ciudadanía frente a la responsabilidad de vivir bajo las leyes que se votan.


JotaCe: —Llamalo como quieras, maquinita. Para mí es simple: quieren las reglas a su medida según la Agenda 2030 y, mientras tanto, el país real se debate entre el fentanilo y los jardincitos del ministro Negro y Sandro.


Sandro: —Bueno, bueno, bajen un cambio. Pero hay algo que sí les voy a reconocer: lo de la JUTEP (Junta de Transparencia y Ética Pública) me tiene bastante molesto. Eso de que las resoluciones ahora salgan sin explicar los fundamentos de los votos en discordia no me cierra. Los «compañeros» ahí le erraron feo.


JotaCe: —¡Ah, pero sos un tierno, Sandro! ¡»Le erraron feo», dice! ¡Es una vergüenza nacional! Estamos hablando del organismo que se supone que es el faro de la moral administrativa, el que tiene que vigilar que nadie meta la mano en la lata ni use el Estado como boliche propio. ¡Y ahora resulta que nos dan el veredicto pero esconden las razones del que no estuvo de acuerdo!


Sandro: —Es un tema de procedimientos internos, JotaCe, tampoco es para tanto...


JotaCe: —¡¿Qué no es para tanto?! ¡Hay olor a podrido y del grande! Es la opacidad institucional en su máxima expresión. Si no me decís por qué un director votó en contra, me estás ocultando la mitad de la verdad. Es un traje a medida para la impunidad. ¡Justo de la JUTEP se espera transparencia total, no que jueguen a las escondidas con los fundamentos! Es un mensaje nefasto: «confiá en lo que te digo, pero no preguntes cómo llegué a la conclusión». Esto me hace acordar al contrato secreto de UPM.


AI: —Desde una perspectiva de gobernanza, la transparencia proactiva exige que los actos administrativos sean motivados. Ocultar los fundamentos de un voto discordia debilita la confianza en la institución y limita el control ciudadano. En el derecho administrativo, el «porqué» es tan importante como el «qué». La falta de fundamentación pública puede interpretarse como un retroceso en los estándares de rendición de cuentas que Uruguay ha intentado sostener.


JotaCe: —¡Viste, viste! Hasta la máquina “capitalista” se da cuenta de que nos están tomando el pelo. Entre los jardines de seguridad, los narcos en la puerta y la JUTEP apagando la luz, vamos derecho al precipicio y con los ojos vendados. ¡Seguí con tus diálogos positivos, Sandro, que nos va bárbaro!