Al iniciarse las primeras compañías de navegación a vapor, se publicaban los avisos en los diarios locales con las líneas a cubrir, itinerarios y buques. Además, se acostumbraba a realizar “banquetes” en los buques, como forma de promocionar y mostrar las comodidades de los buques, la atención por parte de los capitanes y tripulación, y además, se servían exquisitas y exóticas comidas acompañadas por excelentes y finos vinos. Sí embargo, cuando uno menos se lo esperaba, ocurría un accidente, provocado por baja visibilidad, por cerrazón o bancos de niebla, o algún viraje o maniobra mal realizada provocando el choque entre dos buques, como es el caso del vapor de bandera argentina “Primer Argentino” que chocó al vapor “Asunción”, trozándole el bauprés y por las averías producidas postergó su salida del 15 de octubre de 1857. En cambio el vapor nacional “Primer Argentino”, no suspendió su salida programada para San Nicolás y Buenos Aires, partiendo desde Rosario, a las 11 en punto de la mañana del 16 de octubre.
ESTRATEGIA COMERCIAL
El periódico rosarino “La Confederación” comunicaba que el vapor inglés “Sicee” sucesor del vapor “Corza” en la carrera, había programado su salida para el día 20 de octubre de 1857, y que adoptaba la modificación de precios realizadas por el vapor “Primer Argentino”, en el costo del boleto. Aquí podemos observar el comienzo de las estrategias comerciales de cada compañía y la competencia económica que se generaba en los valores de los boletos. En esa época, por lo rudimentario de las máquinas a vapor y de sus calderas, se evitaba que dos vapores con el mismo destino partieran con idéntico horario, la competencia de velocidad de los buques en las distintas líneas vino mucho después, cuando se crean las inspecciones y otras medidas de seguridad (Instalación de válvulas de seguridad selladas, etc.) tendientes a evitar las explosiones de las calderas y los empresarios tenían la libertad para elegir el itinerario que más le convenía a sus intereses comerciales.
LA CARRERA PUEDE SER PELIGROSA
A finales de marzo de 1859 la Compañía Oriental de Navegación a Vapor “Salteña”, representada en el vapor oriental “Salto”, desafiaba a al viejo vapor inglés “Menai” a correr una – carrera – desde Buenos Aires a Montevideo, el vapor ganador se llevaría un premio de 300 onzas. El diario “La Reforma Pacífica”, en su edición del 24 de marzo de 1859, en su columna de crónica local, planteaba su deseo de reglamentar la carrera entre los vapores “Salto” y “Menai”, para evitar algún accidente.
Decía así:
“Puede ser peligrosa – Días pasados noticiamos lo que decía La Confederación respecto a una apuesta que debe verificarse entre los vapores Menai y Salto, de la que saldrá vencedor el que llegue antes, de aquí a Montevideo. Es indudable que las empresas de esos vapores pueden hacer de su capa un rayo, haciendo cada cual en favor de la fuerza de su máquina y ligereza de su buque las apuestas que mejor les parezca, pero como también es posible, y que empeñado el amor propio se dé a las máquinas de ambos vapores todo el impulso posible, y que esto pueda ocasionar alguna desgracia, creemos que la autoridad competente debería intervenir en el asunto, para reglamentar las condiciones de la apuesta, así como que el público debiera ser oportunamente advertido, para el que quisiera viajar con toda la rapidez posible pudiera aprovechar la ocasión, y el que no fuese del mismo parecer dejase su viaje para otro día”.
Ese mismo día, el vapor paquete “Salto” de pasajeros, saldría a las 5 de la tarde desde Buenos Aires con destino Montevideo, y el vapor paquete “Menai” de pasajeros y carga saldría con idéntico destino. Finalmente la competencia se realizó y salió vencedor el vapor Salto, imponiendo el cambio de denominación en las distintas líneas de vapores por el término de carrera (por ej. Carrera Salto – Montevideo y viceversa).
EL “SALTO” VS EL “VILLA DEL SALTO”
En el invierno de 1862, se había programado realizar una carrera entre los vapores “Salto” y el “Villa del Salto”, para saber cuál de los dos sería el ganador y con tal motivo, se habían realizado muchas apuestas entre los simpatizantes de uno y del otro buque. La carrera sería desde Buenos Aires hasta el puerto de Fray Bentos. El vapor “Salto” se había construido en astilleros escoceses en 1858, por orden de la Compañía Oriental de Navegación a Vapor “Salteña”; en 1861, dejaría la bandera oriental para izar la bandera argentina e integrar en 1862, la flota de vapores de la “Compañía del Plata de Navegación a Vapor”. En cambio, el vapor oriental “Villa del Salto”, aunque se había construido en el mismo astillero que el vapor “Salto”, tenía la ventaja de contar con los últimos progresos de la época y había comenzado sus servicios en 1862, siendo el segundo vapor en orden de construcción de la “Nueva Compañía Salteña de Navegación a Vapor”, sin embargo el vapor Salto, aunque más antiguo tenía a favor su prestigio en la Cuenca del Plata y el honor de haber cruzado los rápidos del Salto Grande, y haber vencido al Menai.
Al otro día del enfrentamiento acontecido, el diario “La Reforma Pacífica” comunicaba en su columna de Noticias Generales, el suceso del momento:
“…Carrera de Vapores – El martes salieron a las 10 de la mañana los vapores «Salto» y «Villa del Salto» del puerto de Buenos Aires. Grandes apuestas se habían hecho. El «Villa del Salto» llegó primero á Higueritas. El tiempo se descompuso amenazando tormenta, pero á las 7½ de la noche fondeaba el «Salto» en Fray Bentos y diez minutos después el «Villa del Salto» hacía lo mismo.
La apuesta se había ganado a pesar de que se alega el mal tiempo que impidió al «Villa del Salto» desplegar toda su fuerza”.