Por Cary de los Santos Guibert
DE ITALIA AL RÍO DE LA PLATA
Miguel Basciano nació en Rionero in Vulture, distrito de Melfi, Italia. Desde muy joven se trasladó a Nápoles, donde realizó estudios aplicados al corte y confección de prendas y perfeccionó su oficio en las prestigiosas sastrerías Trifori y Sardonelli. En 1884 emigró a Buenos Aires, llamado por uno de sus hermanos, y trabajó en la reconocida sastrería Fabre, frecuentada por la alta sociedad porteña.
“EL PRODIGIO AMERICANO”
En 1887 se estableció en el Salto Oriental, donde fundó la sastrería “El Prodigio Americano”, frente al Hotel Unión Oriental, en la antigua numeración 43 y 45 de la calle Guaviyú. Esta arteria corresponde actualmente a Grito de Asencio, al norte de la calle Uruguay, y a Larrañaga, al sur. Su establecimiento se especializaba en trajes a medida y disponía de géneros nacionales e importados: casimires ingleses y franceses, chalecos de piqué y seda, driles, franelas y paños de diversas calidades. También confeccionaba trajes para jóvenes de 12 a 14 años a precios reducidos. Basciano resumía su política comercial —vender mucho con un margen reducido— mediante un lema categórico: “Hechos y no Palabras”.
UN ARTISTA DEL CORTE
La calidad de sus trabajos y sus conocimientos técnicos le otorgaron reconocido prestigio. Sus contemporáneos lo consideraron un verdadero artista de la sastrería y destacaron, además, su modestia, sencillez, corrección en el vestir y refinados modales. Su experiencia trascendió el trabajo cotidiano del taller. Se le atribuye la autoría de un tratado destinado a los profesionales del oficio, conocido como “Sistema Basciano Michele”, dedicado al corte de vestimentas. De este modo, aquel sastre formado en Nápoles y Buenos Aires encontró en el Salto Oriental el escenario donde desarrollar un oficio que, en sus manos, alcanzó la consideración de verdadero arte.