Por el Dr. César Suárez
Habitualmente asociamos la palabra jugar con actividades infantiles. Es necesario y lógico que los niños no tengan responsabilidades vinculadas tareas denominadas trabajo, porque esa es tarea de los adultos que asumen obligaciones referidas al sustento personal y de las personas a su cargo.
El niño pequeño tiene como tarea instintiva, alimentarse, dormir y entretenerse con algo que en ocasiones se procuran ellos mismos a través de cualquier chirimbolo o con juguetes ya construidos con ese fin, de calidad y precio variable de acuerdo a la capacidad económica de sus padres que no siempre coinciden con las preferencias de cada niño que en ocasiones optan por seguirse entreteniendo con el chirimbolo que eligió para pasar el rato, pero como “no sólo de pan vive el hombre”, los niños necesitan mucho más que alimentos y juguetes, ellos prefieren sobre todo que les prestemos mucha atención siempre, y en ocasiones, los padres, para intentar que no les falte nada, trabajan extensas jornadas pero les termina por faltar el rubro más importante, la atención, la compañía que habitualmente es lo que los hace más feliz.
La ecuación es simple, alimento, entretenimiento, atención y afecto, la fórmula perfecta para una felicidad balaceada.
Pero si bien, el juego es cosa de niños, para el resto de la vida, la formula es muy parecida, porque si bien los adultos, aunque tenemos otras responsabilidades, necesitamos de los mismos ingredientes para disponer de la formula del bienestar(alimentos, entretenimiento, atención y afecto) aunque en ocasiones la vida nos lleva a “jugar” por necesidad en juegos nada entretenidos y desgastantes.
A la gente adulta también nos encanta jugar, la necesidad de jugar nos acompaña toda la vida y cada uno elige su o sus juegos que en ocasiones pueden ser muy caros de acuerdo a la preferencia y los berretines de cada uno.
La palabra jugar está asociada a innumerables actividades, berretines y hasta adicciones, pero el juego saludable debe mantener el equilibrio para no desbalancear la fórmula de la necesaria felicidad.
Comencemos por el juego que apasiona a multitudes, el fútbol, es un juego para la gran mayoría y también es un trabajo para un porcentaje muy limitado de habilidosos, sin duda, para la mayoría que lo practican en una actividad recreativa y este juego en nuestras latitudes comienza ya con los primeros movimientos, sobre todo de los varones y persiste mientras el esqueleto lo permita y luego sigue sentado o acostado, mirando cualquier partido por televisión.
Pero la gente juega a todo aquello que a cualquiera se le pueda ocurrir y en ese terreno la inventiva no para.
Hay juegos muy activos pero la mayoría son juegos pasivos, se juega a las cartas, a la lotería, al bingo, al truco, a las bochas, al villar, al pool, a la carambola, a la conga por nombrar a algunos pocos pero que generan entretenimiento y socialización, pero hay otros juegos que ya resultan más complejos, sobre todo cuando se juega por dinero y es ahí cuando el juego comienza complicarse, sobre todo cuando se sale de control.
Ahí entran a tallar, la ruleta, el póker, las maquinitas, la quiniela, las apuestas deportivas y es ahí donde el juego puede salirse de control y contribuir seriamente a la pérdida de equilibrio.
El juego no es sólo cosa niños y suele ser una actividad recreativa que abarca toda la existencia, pero como todo en la vida, necesita de ponderación y cuando se va hacia algún extremo deja de ser una actividad recreativa para transformarse en un problema.
Pero jugar, con equilibrio como actividad recreativa es un componente esencial de la formula, cuando niño y en cualquier otra edad, también.
Domingo 01 de Marzo, 2026 63 vistas