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Viernes 29 de Mayo, 2026 182 vistas

Los políticos millonarios y la camioneta del Presidente

Por Pablo Perna
“Son unos miserables, este Lacalle se compró una moto de 50 mil dólares, tiene dos camionetas al pedo, ¡te das cuenta!, estos son los padres de la patria, ¡déjate de joder!, son unos veinteneros ordinarios…”. Estas palabras fueron vertidas por José “Pepe” Mujica cuando Lacalle Pou era presidente y la “Junta de Trasparencia y Ética Pública (JUTEP) publica el patrimonio del Presidente de la época. Me pregunto: ¿qué pensaría “el Pepe” si estuviera vivo, de su “pichón” hoy Presidente Yamandú Orsi al haberse comprado una camioneta por valor de 80 mil dólares?
Este domingo pasado, diario “El País”  publicó el patrimonio del Presidente, ministros y legisladores del Uruguay, y sale a la luz que el presidente Orsi era el político que tenía el vehículo más caro de toda la clase política del país. Y de esta manera explotaron todos los medios y redes sociales hablando sobre el particular. Al respecto Julio María Sanguinetti opino: “… si condenamos a los legisladores, ministros y Presidente a vivir la peripecia de no tener una remuneración acorde, la política va a ser para los bandidos o para los ricos… si queremos tener una democracia barata, vamos a tener una democracia barata y yo no quiero una democracia barata”.
Pero lo condenable al Presidente no es su remuneración o patrimonio, sino que el empresario que le vendió a Orsi su actual camioneta, valía 80 mil dólares, pero se le hace un descuento de 25 mil dólares y más tarde vemos que los vehículos utilizados para la asunción  presidencial eran de propiedad del mismo empresario, dejando un río de dudas sobre la honestidad, presunto tráfico de influencia y ética pública del primer mandatario.
Es imposible no sonreír con ironía si apelamos al archivo cuando José Mujica, fustigaba los gastos de Luis Lacalle Pou, la izquierda juega en las ligas mayores de la hipocresía a escala industrial, lo que también vemos ejemplos de sobra en el parlamento. Es un clásico del folclore local ver a los legisladores del Frente Amplio rasgarse las vestiduras en el Palacio Legislativo cuestionando los sueldos, el gasto del Estado, el privilegio de las élites y las penurias del pueblo trabajador. Eso sí, cambian su versión cuando aparece en la agenda una misión oficial, tal como lo afirmó y cuestionó esta semana el Senador Pedro Bordaberry: “Daniel: lo que hay que hacer es cortar con los viajes de legisladores al exterior; también cortar con el pago de viáticos al interior, no pueden ir 26 personas a Suiza a presentar un informe que se puede presentar por zoom o cobrar viáticos por ir al interior”.
Ya lo decía, con la descarnada lucidez de quien conocía las debilidades humanas y las transas del poder como pocos, el mismísimo Pablo Escobar, cuando afirmaba: “la gente de izquierda es la que más adora el dinero”. Una paradoja viviente que se repite a lo largo de la historia, los zurdos cuando están en el poder se enriquecen y cambian sus cabezas, y ejemplos sobran; el escándalo hoy de Zapatero en España es mejor que una novela turca.
Estos hechos me recuerdan el libro escrito por George Orwell: en la “Rebelión en la granja”. Sobre el final de esa historia, los animales asisten al derrumbe definitivo del granjero que era el que los oprimía. Aquellos cerdos que habían liderado el levantamiento prometiendo una sociedad justa y sin clases, terminan mudándose a la casa del granjero, vistiendo sus ropas y adoptando todos sus vicios. Los animales explotados se asoman a la ventana de la casa principal y ven a los cerdos brindando amistosamente con los humanos, sus antiguos enemigos. Los miran una y otra vez, pero ya no logran distinguir quién es el hombre y quién es el cerdo. Para legalizar semejante transformación ante los ojos del pueblo, la cúpula decide borrar los viejos mandamientos de la pared del granero y reemplazarlos por una única y definitiva máxima que hoy, entre informes de la JUTEP, viáticos internacionales y camionetas de alta gama con descuento, recobra una vigencia absoluta, por lo que los cerdos reescriben: "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.