Pasar al contenido principal
Sábado 28 de Febrero, 2026 117 vistas

Me cambió el tema

Por el Padre Martín Ponce de León
Había ido a llevar una comunión y venía pensando en un tema para este artículo.
Regresaba caminando y, por lo tanto, tenía unas cuantas cuadras, en solitario, para poder encontrar un tema y, mentalmente, redactar el artículo. Lo único que se me ocurría era redactar un artículo sobre algún tema relacionado con la cuaresma. 
La cuaresma tiene, sin lugar a dudas, muchas aristas y, tal vez, podría redactar varios artículos sobre dicho tema. Ya no pensaba un tema sino cómo encarar la redacción del artículo. Las veredas se encontraban, prácticamente, solitarias y, por lo tanto, permitiéndome imaginar la redacción de lo que pensaba.
Al pasar delante de la puerta de una casa, donde había un señor sentado y tomando mate, siento que dicen: “¡Padre Martín!”. Me detengo, miro a aquella persona y le digo: “Perdóname, pero no te ubico” “Usted me preparó para la confirmación en la Obra Don Bosco” “De eso ha de hacer más de treinta años. Dime tu nombre a ver si te logro ubicar” Me dice su nombre y su apellido. En ese momento ya se había levantado para darme un abrazo y continuó, de pie, tomando mate.
Fue, así, como, cuando quise darme cuenta, me encontré reviviendo aquella actividad.
Sin lugar a dudas, él tenía recuerdos muy presentes y me los ponía delante para ayudarme a revivir lo de hace muchos años. Esos recuerdos sirvieron para despuntar otros temas hasta que llegamos al tema de “los pide pan” (según mi lenguaje) , “los marginados” (según su lenguaje).
No tengo mucha idea de cuánto tiempo utilizamos en aquella conversación. Lo real es que me sentía muy cómodo y podría haber continuado por mucho rato más. Él continuaba sacando temas haciendo que la charla pudiese prolongarse por tiempo. Corté la conversación manifestándole en lo que andaba y en lo que venía ocupando mi mente. No le dije que me había cambiado el tema. Ahora ya no escribiría sobre la cuaresma sino sobre el encuentro que habíamos tenido.
Una de las cosas gratificantes que tiene el “callejear” es que uno se puede encontrar con personas a quienes hace tiempo que no ve. Sin duda que habrá quienes tienen recuerdos negativos de mi persona, pero, ellos te dejan seguir tu camino como si no te conociese. Los que te detienen, para un saludo o una conversación, son aquellos que te dejan con una sensación de mimo al alma puesto que te recuerdan vivencias que, tal vez, uno ya ha olvidado.
Una situación que mucho despierta mi atención es cuando, durante alguna conversación, se me asocia con una actividad social. Ello hace que no deje de despertar mi atención puesto que lo que uno ha realizado, con espontaneidad y naturalidad, pueda haber dejado recuerdos.
Como decía unos renglones más arriba, ello lo tomo como un mimo al alma y, lejos de ser un motivo de orgullo o vanidad personal, es un algo que me motiva a intentar no alejarme de una opción que es parte de mi persona. Gracias a Dios uno puede encontrarse con esos seres que le hacen renovar esfuerzos y entrega. Darse nunca es fácil, pero mucho más, cuando ha pasado un tiempo notorio y ya las capacidades no son las mismas, ni las fortalezas interiores pueden compararse con años anteriores.
Debo continuar por una senda donde lo cotidiano sea oportunidad de crecer como persona e intentando vivir una cercanía con los demás que me ayuda a la cercanía con Dios y, por lo tanto, cada encuentro es un motivo para hacer de la vida una oración sin dejar de tener los pies sobre la tierra.