En alguna oportunidad ya he escrito sobre Judas. Quizás mi postura, sobre él, no responde a la idea tradicional que sobre su persona pesa.
Siempre he intentado presentar una idea distinta a la tradicional, aunque reconozco ha cometido un error. Él decidió por Jesús, él decidió por Dios.
Con el paso del tiempo la comunidad cristiana realiza una reflexión sobre su figura y lo pone como el arquetipo del anticristiano. La propuesta de Jesús va en la línea de ponerse en el lugar del otro, de comprenderlo y aceptarlo. Se supone que Judas, siendo un discípulo de los cercanos, estaba muy compenetrado de esta propuesta de Jesús. Llegado el momento actúa de una forma totalmente contraria a tal propuesta.
Quizás, por ello, las primeras comunidades cristianas utilizan la expresión de “traidor” para referirse a él. La historia posterior se ha ensañado con Judas llegando a poner en boca de Jesús expresiones tales como: “Más le valdría no haber nacido”.
Jesús lo eligió. Jesús lo puso entre sus discípulos de confianza. Jesús lo aceptó como “administrador” de los bienes de la comunidad. Jesús, en la última cena, le compartió un trozo del pan de su Cuerpo. Jesús era un judío empapado de sus tradiciones y muy respetuoso de las mismas. Compartir el pan en una comida era un gesto de profunda amistad. No veo a Jesús haciendo un gesto sin sentido alguno. No veo a Jesús alterando el sentido del gesto realizado. No veo a Jesús haciendo ese gesto únicamente para, solapadamente, señalarlo como el futuro traidor.
Por ello, con todo el respeto que me merece la tradición, no comparto la visión nefasta que de Judas se ha elaborado. Judas es demasiado “nosotros” como para ser un personaje nefasto y exclusivo. Judas es nosotros puesto que muchísimas veces decidimos por los demás. Judas es nosotros porque muchas veces decidimos lo que es lo más adecuado para los demás. Judas es nosotros porque muchas veces acomodamos a Jesús a nuestros intereses. Judas es nosotros ya que muchas veces nos apropiamos de un rol decisorio cuando el mismo es propiedad de Dios y su reinado. Judas no posee nada de exclusivo.
La suya es una actitud muy frecuente entre quienes nos llamamos seguidores de Cristo.
Él es el único de los discípulos que, sin necesidad de la acción del Espíritu Santo, está completamente convencido de que Jesús es el Mesías. Es, desde esa convicción, que desea apurar la definición de Jesús. Por ello decide por Jesús.
Yo entiendo que lo más nefasto de Judas es que, volviendo a caer en el mismo error, considera que no tiene, su conducta, posibilidad del perdón de Dios. De tener el mismo concepto de Dios que Judas ¿qué sería de nosotros? Si Dios fuese conforme la idea de Judas ¿qué suerte nos cabría? Judas lo hizo una vez y, para él fue suficiente e imperdonable.
Nosotros lo hacemos casi a diario y ni nos impacta tal manera de proceder. Por suerte, bien lo sabemos, Dios es más misericordioso de lo que nosotros suponemos. Siempre está dispuesto a brindar su perdón a quien, de corazón y con verdad, se lo solicita.
Siempre nos está brindando oportunidades nuevas para corregir nuestros pasos o modificar nuestras actitudes.
Cuando queremos ubicar a alguien en lo más vil de la condición humana decimos que es “un Judas”. Cuando pretendemos simbolizar a quien deseamos desterrar de nuestra sociedad utilizamos a Judas y lo incineramos.
Pero, verdaderamente, Judas es muy “nosotros”.
Por ello necesitamos ser un poco más benévolos con su persona ya que mucho nos podemos identificar con él