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Martes 25 de Noviembre, 2025 35 vistas

Un problema que es de todos

Por Gerardo Ponce De León
Lo primero que tengo que hacer es pedirle a mi hermano Martín -el sacerdote salesiano  las disculpa por la omisión que cometí en mi escrito pasado- en el cual nombro al Padre José García y me olvido de Martín, que en el escrito "sin palabras" nombra a gente de la calle o que vive en ella, demostrando su conocimiento de mismo.
Me aclara de la vida de Cristian, al cual le había perdido el rastro. Hoy veía a la gente de la "heladera solidaria" en la Casa Diocesana y pensaba en  la cantidad que buscan lo que les dan.
¿Cuántas veces nos olvidamos de agradecer el tener en la mesa un plato de comida? 
Son tantas las para agradecer y no lo hacemos en ningún momento. Somos felices así y que no nos pidan que cambiemos, es más cómodo. Les quiero aclarar que integró el grupo.de los que nos olvidamos de agradecer. En el momento, antes del almuerzo y de la cena, ahí sí,  me acuerdo de dar gracias a Dios por la comida que tengo.
Es probable que los aburra con el tema .Pero  creo que son pocas las familias que agradecen a Dios, todo lo que Él nos da todos los días. Voy a dejar este tema para ir al que me interesa.
Me amarga el ruido de la noche, de autos o motos. Los primeros con una batería importante de parlantes que hacen temblar el piso, y los segundos, como vivo en bajada, pasan con los escapes libres en el acelerador roncando.
No es que uno sea delicado pero molestan y uno espera sentir el ruido de que han chocado en la esquina de abajo, porque basta con verlos cuando pasan y no les preocupa nada de lo que pasa adelante, si  son moderados si ven la presencia de inspectores. En ese caso se cuidan.
Uno espera no sentir el ruido de un choque pero interiormente no se quiere oír. En casi todos los casos son gente joven los que manejan. Reitero, no quiere decir que es la edad de uno lo que nos lleva a quejarnos, si el ruido molesta a jóvenes y veteranos. Me imagino lo que debe de ser calle Apolón de Mirbeck, que es donde está la "movida" o está la noche salteña. No creo que en la costanera ya que se ve  presencia de inspectores, no así en calle Apolón que para hacer mayor la picada tiene "lomos de burros" y uno vuela y se asegura la emoción.
Son varios los que a la hora de las comidas no respetan las luces de los semáforos, ya que saben que el hambre o la orden de entregarla es más importante que dichas luces, y no hay ningún cuidado o preocupación  que la de entrega o la orden. Pienso que es un deber de hoy y de antes del tránsito de esta ciudad. Todos sabemos cómo se cura este mal.
No sé cómo es que sucede en el resto del país, me preocupa lo que pasa acá y el resto es problema de cada uno y no sé lo que sucede, pero se de algunas ciudades que tienen problemas con las picadas de las motos. Si usted presta atención en los accidentes de tránsito, en su mayoría está una moto implicada.
Como diría un conocido: es con lo que vivimos. No podemos esperar que la gente de tránsito solucione un problema que es de nosotros, los que usamos las calles con nuestros vehículos, es decir es un problema de cada uno, los que andamos en un vehículo, ya sea de cuatro o dos ruedas. Mire que hasta las bicicletas en más de una oportunidad, cometen violaciones a las leyes del tránsito.