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Domingo 11 de Enero, 2026 134 vistas

Una Venezuela herida

Por Dr. Fulvio Gutiérrez         
En la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, una acción militar ejecutada por una fuerza de élite de Estados Unidos, luego de bombardear parte de la ciudad de Caracas, descendió de helicópteros en la residencia donde descansaba Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Los capturó, y los llevó a un barco de guerra que esperaba en la costa, para conducirlos a Nueva York, donde están siendo juzgados. Este hecho insólito y sin precedentes, quebró para siempre las normas y los principios del Derecho Internacional. 
Para mí, que dediqué toda mi vida al estudio y la práctica del Derecho, es realmente una tragedia. Es cierto sí, que, desde su nacimiento, el Derecho Internacional acarreó dos problemas; la falta de una policía propia que obligara a su cumplimiento, y la falta de igualdad práctica de los Estados miembros, que son sus sujetos de derecho. Ha sido un golpe mortal para el recuerdo de Hugo Grocio (1583-1625), jurista neerlandés considerado el padre del Derecho Internacional moderno, que sistematizó normas para las relaciones entre naciones, fundando la escuela racionalista del derecho natural, que basa la ley en la razón humana, estableciendo un sistema supranacional, para la paz y el orden internacional. Después del 3 de enero pasado, sería tonto defender la igualdad de los Estados, cuando salta a la vista, que, en los hechos, hay Estados más poderosos que otros, y que el propio derecho ha aceptado que hay Estados que tienen más derechos que otros, gracias al derecho de” veto”, que tienen los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. 
La prueba está en lo ocurrido; Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, y, además, tiene ese derecho de veto. Es, por tanto, inimputable. Haga lo que haga. Como escribió Adolfo Garcé, citando a Raymond Aron, Estados Unidos, ahora, es una “república imperial”. ¿Gráfico no?
¿Qué va a pasar de aquí en adelante en Venezuela? Nadie lo puede decir. Trump le restó apoyo a la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, y expresó sin ningún pudor, que Venezuela será gobernada por Estados Unidos hasta que haya una transición pacífica, que será liderada por un equipo integrado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el jefe del Pentágono, Peter Hegseth, en colaboración con la oposición venezolana. Favoreció que Delcy Rodríguez pase a ocupar la presidencia de Venezuela, porque era la Vicepresidenta. Los ministros siguen los mismos, el todopoderoso Diosdado Cabello sigue con su cargo y su mando, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, sigue como presidente de la Asamblea General y los mandos militares continúan como antes. En verdad, se puede decir como en el Gatopardo, que se hizo un cambio, para que todo quedara como estaba.
El gobierno uruguayo de izquierda, siempre afín al dictador Nicolás Maduro, se preocupó por hacer una declaración contraria a la barbaridad liderada por Trump, y así fue aprobada, el pasado miércoles, solo por la mayoría frenteamplista en la Comisión Permanente del Poder Legislativo. De la pobre Venezuela y su sufrido pueblo, no se acordó. 
En cambio, la oposición integrada por los partidos Nacional, Colorado, Independiente, y Cabildo Abierto, apoyaron una moción que, en minoría, expresó la más absoluta condena al régimen dictatorial venezolano, y planteó que se reconozca a Edmundo González como presidente, de acuerdo a lo expresado en las elecciones de julio de 2024.  Señaló que el derecho internacional y los organismos internacionales han fracasado en asegurar la protección de los derechos humanos de los venezolanos, y acusa a los amigos ideológicos locales del chavismo y de Maduro (léase Frente Amplio), regionales y mundiales, de ser cómplices silenciosos de un régimen opresor. Señaló también que no se justifica injerencia extranjera alguna, y que los únicos que deben definir su destino son los propios venezolanos.
¿Pero, esta afirmación tiene valor ahora? Es cierto que la democracia uruguaya siempre ha respetado el principio de libre determinación de los pueblos. Esto es, cada pueblo, tiene el derecho a elegir a sus gobernantes, de acuerdo a sus propias leyes. Pero ese argumento es válido cuando el gobierno respeta ese derecho.  Y en Venezuela eso no ocurrió, porque el gobierno de Maduro cometió fraude en esa elección, cuando de acuerdo a las actas, el triunfo de la oposición venezolana fue contundente.  En cuanto al respeto a la soberanía venezolana, es un falso argumento. Soberano es un Estado que no tiene dentro de sí, ningún poder superior ni concurrente. Todos sabemos qué hace años Venezuela perdió su soberanía por obra y gracia primero de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro, que se la entregaron a Cuba, a Rusia, a China y al narcotráfico internacional. Entonces, ¿de qué soberanía me van a hablar?
Hoy por hoy, el futuro de Venezuela es una incógnita, Comprendo la alegría de los venezolanos, cuando se enteraron del secuestro del dictador Maduro. Les nació una esperanza, y eso importa. Yo comparto esa esperanza. Pero quiero ver realidades.