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¡Viven!: la conmovedora historia de un grupo de uruguayos que sobrevivió a una tragedia aérea

En el año 2001, cuando se cumplieron 30 años de la tragedia, una de mis inquietudes periodísticas más importantes era poder entrevistar a los protagonistas de una historia que conmovió al mundo y hasta llegó al cine. La tenacidad e insistencia lograron que una noche de octubre de ese año fuera recibido en la casa del Dr. Roberto Canessa, por los 16 sobrevivientes de los Andes y pudiera conocer de parte de los protagonistas de primera mano las peripecias que debieron soportar para salir con vida de la montaña. Hoy a 50 años de la tragedia y a 20 años de aquella entrevista para el programa televisivo local “Para no olvidar”, bien vale la pena recordar algunos tramos de la charla que nos concedió Roberto Canessa y Carlos Páez.

EL ACCIDENTE

El día viernes 13 de octubre de 1972, el grupo de jóvenes deportistas uruguayos del equipo Old Christians pertenecientes al colegio Stella Maris de Montevideo, partieron en avión de la Fuerza Aérea Uruguaya con destino a Chile para jugar un partido de rugby como lo hacían cada año. El mal tiempo y turbulencias hizo que el piloto decidiera hacer una escala en Mendoza, para luego continuar a Santiago. Por un error de cálculo del piloto del bimotor Fairchild F-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en un glaciar en el corazón de los Andes con sus 40 pasajeros y cinco tripulantes a bordo. La tripulación del avión que viajaba en la parte delantera falleció entre el primer y segundo día, quedando los jóvenes estudiantes y pasajeros de entre 18 y 37 años en una situación desesperada. Virtualmente sin alimentos, con pocas ropas de abrigo, semienterrados en la nieve, bajo un clima hostil, muchos de ellos heridos, sin medios de comunicación y creyendo que estaban en algún lugar cercano a Curicó.

-¿Qué recuerda del día del accidente?

-Estábamos muy ansiosos por jugar ese partido. Sabíamos del mal tiempo, pero todos comentaban que era un avión seguro y que no iba a pasar nada. El impacto duró pocos segundos y era tanto el ruido y el frío que te pegaba en la cara que todo pareció un sueño. Cuando el avión terminó de deslizarse que quedó la parte del fuselaje, recién reaccionamos de lo que había ocurrido. Fue una suerte que el avión se partiera de esa manera, porque el fuselaje fue lo que nos permitió posteriormente sobrevivir al frío. Los primeros momentos fueron un caos. Había que atender a los heridos, retirar a los muertos, contener a las personas, fue muy duro. La primera noche la pasamos entre quejidos de personas y sacando los cuerpos fallecidos. Era como una postal contradictoria, porque uno miraba la montaña y nevaba con total tranquilidad, siendo que en ese lugar se vivía una gran desesperación.

-¿Cómo se fueron organizando?

-Formamos equipos y nos pusimos a organizar la situación. Con los asientos hicimos camillas para los más heridos a alguien se le ocurrió derretir la nieve para lograr tener agua y para eso usamos chapas que sacamos de los restos del avión. Yo tenía conocimientos de Medicina, pero era un estudiante que recién comenzaba la carrera y ayudaba en lo que podía. Además teníamos la certeza que en cualquier momento no venían a rescatar. Cuando pasaban las horas y no venía el miedo se empezó a apoderar de todos. No entendíamos que era lo que estaba ocurriendo porque no venían a rescatarnos. Y bueno, cuando escuchamos por la radio -que habíamos inventado en forma casera- que habían suspendido la búsqueda la desesperación fue muy grande.

“Era comer o morir

y decidimos vivir”

-¿Cómo se dio el tema de empezar a comer los cuerpos?

-Y bueno, tras pasar los días el hambre empieza a afectar. Ya no nos quedaban reservas y estaba la idea de los líquenes pero con la nieve tan espesa que había no se podía avanzar mucho porque te hundías o podías caer. Alguien propuso la idea de comer los cuerpos y era comer o morir, así que la decisión fue vivir. Fueron momentos muy duros y muy complejos, pero la capacidad de resistencia del hombre es increíble. La prensa chilena nos crucificó tratándonos de “caníbales uruguayos”, pero esa fue la razón por la que pudimos sobrevivir. Además de ser muy jóvenes. Yo creo que la juventud jugó mucho y nos ayudó a salir de esa situación.

-¿Cuándo decidieron salir a buscar algo más que nieve?

-Cuando vimos que no venían más a rescatarnos y que se nos pasaba el tiempo, nos reunimos algunos y decidimos salir. “Nando” (Fernando Parrado), tenía la idea que cruzando la montaña tenía que haber verde y allí población. Así que no preparamos bien y salimos a buscar esa posibilidad. La noche anterior a partir, jugábamos entre nosotros a pasar la Navidad en familia. Esas noches con “Nando” fueron muy difíciles. A mí me entraban 3 vaqueros de lo que había adelgazado y en la noche nos abrazábamos los dos para soportar un frío que te calaba los huesos, un frío que dolía.

ENCUENTRO CON EL ARRIERO

Canessa cuenta que tras encontrarse con el arriero (José Catalán), desde el otro lado de un río que pasaba por el lugar, le hicieron señas, pero al no entender, le escribieron la famosa carta que Fernando Parrado redactara contándole que eran uruguayos que venían del avión que cayó en las montañas. A partir de allí se produce el milagroso rescate que se hizo en condiciones adversas por los fuertes vientos que había en la cordillera. Una de las imágenes más emotivas del rescate se da cuando el grupo de sobre-vivientes va aterrizando y comienza a cantar el himno nacional.

“Ver esos helicópteros para rescatarnos fue como ver

dos águilas de esperanza”

Carlos Páez (Carlitos) tenía solo 17 años en el momento de sufrir al accidente y perdió muchos de sus amigos no solo en lo que fue la tragedia, sino, en la avalancha que definió como “otra bofetada” que les pegaba Dios. Cuando escuchó el ruido de los helicópteros, todos salieron al exterior del avión y vieron a esas dos águilas de acero que llegaban para el rescate. Nunca me voy a olvidar lo que significó para todos ese momento que para nosotros era el fin de los 72 días viviendo en la nieve

SOBREVIVIENTES

(22 dediciembre de 1972)

Gustavo Zerbino, Antonio Vizintin, Eduardo Strauch, Adolfo Strauch, Ramón Sabella, Fernando Parrado, Carlos Páez Rodríguez, Javier Methol, Alvaro Mangino, José Luis Inciarte, Roy Harley, Roberto Francois, Daniel Fernández, Alfredo Delgado, Roberto Canessa y Pedro Algorta.