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Viernes 27 de Febrero, 2026 69 vistas

La caída del capo mexicano y el baño de sangre en Salto

Por Pablo Perna
Mientras tu lees esta columna en la comodidad de tu casa, o donde sea, a pocas cuadras de aquí, en las veredas de los barrios periféricos y no tan periféricos, se está programando el próximo "ajuste de cuentas". La noticia sobre la caída en México de Nemesio Oseguera Cervantes el domingo pasado, alias "El Mencho", no es una crónica policial extranjera, es el parte de guerra de una organización que ya tiene sus garras hundidas en el Uruguay y en los barrios de Salto desde hace muchos años. El narcotraficante que fue líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que creó la organización criminal más grande del mundo, superando a la de Pablo Emilio Escobar y a la de “El Chapo” Guzmán, lavaba parte de su dinero en el Uruguay.
La hermana de la esposa de “El Mencho”, está casada con Gerardo González Valencia, quien fuera capturado en el 2016 en Montevideo, mientras llevaba a sus hijos en Carrasco al “British Schools”, quien más tarde fuera extraditado en el 2020 a EE.UU y condenado a cadena perpetua. González Valencia era el brazo financiero de “El Menchu”, utilizando nuestras leyes para lavar el dinero del Cartel, sus mayores inversiones se realizaron en Punta del Este donde adquirieron mansiones y otros bienes de lujo; se movían entre la costa esteña y Montevideo, mostrándose ante la clase noble criolla como un empresario exitoso de alta gama, mientras que en el sur de nuestro país se delinquía con perfumes y glamour, en el norte profundo nos dejaron la peor parte del negocio, la violencia barrial y el crecimiento exponencial de pequeños clanes familiares donde se disputan a sangre el territorio.
Lo sucedido este fin de semana en Salto es un fiel reflejo de las migajas que caen de la mesa del negocio del narcotráfico, donde este propio diario ha titulado “Salto se tiño de sangre”, donde un hombre de 33 años fue asesinado de múltiples disparos en sus extremidades, otro  de 40 años ingresa al Hospital por ser apuñalado, lo siguen otros apuñalados, la característica de estos hechos es que todos se negaron a denunciar a sus autores en una claro “código del silencio”. ¿Por qué alguien herido de gravedad decide no denunciar a sus verdugos?, porque en Salto ya se instaló la Ley del Narco; cuando la víctima prefiere callar antes que hablar con un fiscal, es porque el miedo a la represalia es más fuerte que el respeto a la ley. Este código de silencio es la prueba de que el Estado está perdiendo el control territorial frente a bandas que actúan como dueñas de la vida y la muerte.
El Puente Internacional de Salto Grande es hoy una arteria sin filtros por donde fluye la mercancía alucinógena para el Uruguay y resto del mundo, por lo que transforma a nuestro departamento en lo que se llama “zona caliente”. Salto cerró el 2025 con un aumento de homicidios que rompe la estadística nacional, y este inicio de 2026 nos muestra una cara aún más oscura: la delincuencia que ya no teme ser vista, porque sabe que el vecino tiene demasiado miedo para señalar al culpable y lo sucedido este fin de semana es un claro ejemplo de ello. Si el Estado no reacciona con la misma ferocidad que los criminales, Salto dejará de ser la "Ciudad de las Naranjas" para ser recordada como el matadero de un pueblo del Norte, de una guerra que no elegimos, pero que ya estamos adentro.
¡Pero lector!, tranquilo, porque los muertos del narco son los que Eduardo Galeano llamó “Los Nadie”, definiéndolos: “sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir de pobres…, los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada, los nadie, los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos, que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata”. Lector, podemos seguir durmiendo tranquilos.