Un estudio elaborado por Good Food Institute, un grupo sin fines de lucro que trabaja para apoyar el desarrollo de proteínas alternativas, donde se incluye la carne cultivada, ha afirmado que el costo de producción de la carne a base de células cuando se fabrica a escala podría caer a 4,68 euros por kilogramo, igualando así el precio de sus contrapartes convencionales para el año 2030.
«Esta cifra representa estrictamente el costo de los bienes vendidos y no incluye el margen de beneficio del fabricante o minorista, por lo que este es el costo de producción en lugar del precio que verían los consumidores» explicaron desde el grupo de trabajo.
A pesar de lograr equiparar estos costos, este tipo de carnes alternativas tienen por delante los mismos desafíos que la carne tradicional. El argumento más importante de este tipo de productos es ofrecer una solución a los problemas medioambientales de la agricultura animal, sin embargo un estudio de la Universidad de Oxford en 2019 concluyó que si la electricidad utilizada para la producción de carne cultivada se genera a partir de combustibles fósiles, la huella de carbono será muy similar a la de la producción tradicional.
Además de este punto, existen otras interrogantes que se suman para poner en duda el beneficio con el medioambiente de este tipo de productos. Si a las células de alimentación se le administra por ejemplo granos, como maíz, soja o trigo, estos también se ven asociados a la producción de carne convencional y la deforestación, lo que también pone en duda las credenciales ambientales de estos productos basados a células.
Desde el Good Food Institute se indica que el proceso de la producción de carne cultivada es «más eficiente» ya que no se «produce un animal completo». Al mismo tiempo remarcan que la preocupación «principal» es lograr «la paridad de precios con la carne de cultivo industrial y alcanzar la paridad de sabor». Estos objetivos serían posibles de alcanzar en la próxima década según el grupo internacional.