Por Pablo Vela
En Salto, Álvaro Delgado volvió a defender con entusiasmo la Coalición Republicana. El mensaje fue claro: la coalición debe profundizarse porque representa el camino para enfrentar al Frente Amplio.
El problema es que la teoría que Delgado presenta desde un estrado parece bastante más ordenada que la realidad que vive la propia coalición en Salto.
Una historia donde el diálogo entre los principales líderes es nulo, donde las decisiones suelen tomarse en círculos reducidos y donde muchos actores políticos entienden que no se está cumpliendo con lo prometido en campaña ni los votantes ven lo que se votó: Salto no avanza.
Y ahí aparece una contradicción difícil de ignorar.
Delgado habla de una Coalición Republicana que nadie quiere abandonar, pero en Salto todavía hay dirigentes que se preguntan cuándo empezará a existir esa coalición que se describe en los discursos.
Porque una coalición no se construye únicamente el día de la elección. Tampoco debería ser una foto de campaña o a una conferencia de prensa donde todos sonríen para las cámaras. Una coalición se construye escuchando a los socios, compartiendo decisiones y generando confianza política.
Y precisamente eso es lo que muchos cuestionan que haya ocurrido, muchos aseguramos que no ha ocurrido.
La paradoja es aún más grande si se recuerda el desenlace nacional de 2024.
La Coalición Republicana llegó al balotaje con todo lo que la teoría política recomienda: partidos alineados, respaldo gubernamental, experiencia de gestión y una suma de votos que parecía suficiente para retener el poder.
Sin embargo, perdió.
Y perdió frente a un candidato que muchos dentro del propio oficialismo subestimaron durante meses.
Por eso llama la atención que algunos dirigentes hablen hoy de la coalición como si fuera una fórmula ya validada por los hechos, cuando su principal prueba electoral terminó con Yamandú Orsi entrando a la Presidencia y Álvaro Delgado tratando de explicar lo inexplicable.
Quizás antes de discutir como ampliar la Coalición Republicana habría que resolver una pregunta más sencilla: ¿cómo fortalecer algo que todavía no logra funcionar plenamente entre quienes ya forman parte de ella?
Porque la política tiene una lógica bastante simple. Hay que practicarla.
Quienes aportaron votos, militancia y respaldo sienten que nunca fueron escuchados, la coalición corre el riesgo de convertirse en una estructura donde algunos deciden, otros acompañan y todos son convocados únicamente cuando llega el momento de contar votos. ¿Inteligente? No parece.
Una dinámica que tampoco evitó que Álvaro Delgado protagonizara uno de las elecciones perdidas más inesperadas de la historia política reciente del Uruguay.
Y quizás ahí radique la ironía más grande de todas.
Mientras insiste en vender la Coalición Republicana como la gran herramienta del futuro y defiende a su amigo, debería sincerarse y preguntarse, ¿Será él quien deba ser el vocero?
Miércoles 03 de Junio, 2026 97 vistas