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Jueves 16 de Abril, 2026 136 vistas

Los “casi algo” y su costo emocional

Por Alexandra Ledesma
Socióloga y Educadora Sexual
Siempre hablamos de los vínculos, pero dentro de ellos nunca hablamos de los que no tienen nombre, pero que marcan, y muchos a fuego. De esos que no se etiquetan pero que pueden llegar a doler y mucho. 
No están definidos, nadie sabe lo que son, pero son, y calan muy hondo. 
Los “casi algo” se instalan en la vida, prometen pero en realidad confunden más de lo que aclaran. 
Este tipo de vínculo es potente, muy potente, porque vive de eso, de la ilusión de lo que podría ser pero no termina de concretarse. No hay acuerdos claros, solo eso que podría indicar algo, lo mínimo, pero que permite que sigamos aferrados a una vaga y pobre idea de amor. 
Los casi algo no se comprometen pero tampoco se alejan lo suficiente como para aclarar las cosas, todo es ambiguo, confuso, y se transforma en constantes interpretaciones de lo que se siente o en lo que se quiso decir y no se dijo. 
En este tipo de relación, la confusión genera mucho desgaste, no hay nada claro y solo le da espacio a la mente llenar vacíos con fantasías. Se sueña con algo que para nada se acerca a la realidad, que solo se está recibiendo un fragmento idealizado, una historia que solo prospera en la imaginación y en el deseo. 
Y si, claro que se puede cortar, es más, es lo esperable, pero por mientras, esta otra persona sigue apareciendo y desapareciendo las veces que quiere, impidiendo de esta forma que la relación se termine, pero claro, tampoco lo suficiente para que avance. 
Pero lo más complejo no es la búsqueda de sentido de este vinculo, es el impacto emocional que tiene. 
Si nos encontramos en constante incertidumbre, la ansiedad gana terreno, eso no implica nada positivo, solo erosionar el autoestima, y que la intermitencia genere apego. La duda se adueña de los pensamientos, no sé que siento, incluso dudo de todo lo que estoy viviendo. 
Nos empezamos a cuestionar acerca de si ¿después de todo me merezco que me pase?, ¿actué de forma muy intensa?
Y es ahí donde se deja ver el “talón de Aquiles”, donde el cuestionamiento lleva al corrimiento de los propios límites, y se comienzan a aceptar migajas con la ilusión de que en otro momento todo será diferente. 
Muchas veces este vínculo disfrazado de libertad, no es más que la incomodidad de una de las partes con el compromiso, y el hecho de no asumir la responsabilidad afectiva. Porque al no haber acuerdos, no hay exigencias (por lo menos de una de las partes), ni siquiera para darle un cierre. 
Es difícil, porque un vinculo a medias es aun mas difícil de sostener que un vinculo ya establecido y claro.
¿Cómo terminar algo que nunca comenzó? Y es ahí donde tanto duele y cuesta. Si no hubo inicio de algo, romper con eso es igual de complicado porque la ruptura es interna y es parte de la fantasía que un día se creó. Debe aceptarse de la misma forma en que se acepta y se duela una relación formal. Se debe validar lo vivido y lo sufrido, siempre. 
Y déjenme decirles que este tipo de vínculos están llenos de lecciones, y de preguntas, muchas de ellas incómodas, pero que actúan como un gran golpe de realidad. 
¿Qué esperaba de esto?, ¿por qué toleraba?, ¿qué lugar estaba ocupando? Todas las preguntas, no desde la culpa, desde el juicio, sino desde el amor con el que debo tratarme, desde la comprensión. 
Y amarse y comprenderse, implica no quedarse en lugares donde ni lo mínimo estaba garantizado, donde el compromiso nunca estuvo disponible. 
Ponerle nombre a un vinculo es priorizarse, es ser claro y seguro de lo se quiere y sobre todo de eso que no. 
Poner límites no hace que pierdas oportunidades, hace que no te pierdas a vos mismo.