Pablo Bonet
Cabrera
La Rendición de Cuentas que se está analizado en el Parlamento, puso en el principal escalón de la discusión política la pobreza y las formas de reducirla.
Nuevamente surgieron las viejas e ineficientes recetas provenientes de una izquierda que parece no recordar que las mismas no han dado resultado durante los quince años que gobernaron.
Sé que alguno que este leyendo esto dirá que soy un desequilibrado o tengo un serio problema de memoria porque “las cifras” fueron categóricas. En el gobierno del frente, según las cifras, la pobreza bajó.
Ese es el razonamiento político playo. Porque es solo escarbar un poco la realidad de quienes están dentro de esos márgenes de la sociedad para darse cuenta que con partidas económicas la pobreza no bajó, sino que se tapó, se ocultó, se maquilló.
El traspaso económico, como forma de reducir la pobreza, ha demostrado que no es eficiente. Es una curita, una venda, una pomada que alivia momentáneamente una profunda herida.
Muchos a eso le llaman, redistribución de la riqueza, cuando en realidad es la expresión más cruel y eficiente de transformar a una familia pobre en dependiente del Estado.
Quienes reciben esas partidas, no logran el objetivo final, que es salir definitivamente de la pobreza, sino que cubren momentáneamente algunas necesidades básicas que luego, cuando pasan los encuestadores concluyen que muchos han mejorado su nivel de vida. Esas son cifras, la realidad es otra.
La pobreza está atada lamentablemente, con el bajo nivel educativo, las situaciones críticas del hábitat, el vivir bajo varias generaciones en un ambiente difícil, con severos problemas sociales, de salud y de vínculos. Nada de eso se soluciona con transferencia de plata.
Lo primero y esencial es LA EDUCACION. Hay que cortar con la cadena del ausentismo escolar y liceal, con la falta de interés de familiares de enviar a sus hijos a la educación pública. Es increíble cómo se piensa hoy NO EXIGIR a presencia de los niños y adolescentes en los centros educativos como condición para el traspaso de recursos económicos. Es lo mínimo, lo básico, lo esencial. ¿Como el país va a salir de la pobreza si solo entregamos recursos económicos y no exigimos lo fundamental, que es que los niños de esas familias concurran a educarse?
Siendo nuestra educación pública laica, gratuita y obligatoria, dejamos de lado esta última característica, como si la misma fuera insignificante.
Debería no solo ser obligación de los padres enviar a sus hijos a la educación que le corresponda por la edad, sino que además debería haber programas de seguimiento y apoyo a esas familias que, al recibir esos beneficios, demuestran estar en una situación crítica. Educación de oficios, talleres de convivencia, actividades educativas y sociales que permitan que mientras sus hijos se educan, aquellos padres que no están trabajando, ocupen su tiempo en tareas que los ayuden a crecer.
Otorgar partidas económicas no hace al objetivo final, no saca a una familia de la pobreza, solo la disfraza, la maquilla.
Seguir por ese camino es sencillamente poner en práctica, nuevamente, una política populista de dependencia del Estado. Seguirán siendo pobres pero además dependientes de las dadivas del Estado, o sea pobres y sin libertad. Hablando nuevamente en términos educativos, en la materia Pobreza, de Uruguay se esperan muchos mejores resultados… PUEDE Y DEBE RENDIR MUCHO MÁS.
Sábado 01 de Agosto, 2026 40 vistas