Confieso con total franqueza la bronca e indignación que he sentido en el intento de humillación que ha recibido el Profesor Eduardo Lust en el programa “Doble Vía” conducido por los periodistas Leonardo Haberkorn y Juanchi Hounie, emitido el domingo pasado. Luego del programa se viralizó explotando entonces comentarios de periodistas, políticos, actores sociales y público en general en redes sociales sobre si habían estado bien o mal en haber preguntado cuestiones personales a una persona que hoy no integra ningún cargo público, pero lo sorprendente es observar la vergonzosa doble moral de nuestra clase política y sectores sociales al respecto.
Lust expone la gran comedia de lo que decía un político argentino y que él lo recordó con fina ironía: “Todos tenemos un muerto en el placar, salvo nosotros, que tenemos varios”. La gran paradoja de esta cacería es que los ataques más encarnizados no vinieron de la izquierda, sino que salieron de sectores ocultos de cierta oligarquía de nuestra sociedad, con editoriales y ramificaciones en importantes medios de comunicación que están enquistados hace muchos años en nuestra aristocracia criolla.
Indigna ver cómo parte del establishment conservador pretende entretenerse e intentar hacer caer a una persona “común” que la rema con su familia desde abajo, que habla muy claro y mantiene cautivos y motivados a gran parte de la sociedad uruguaya por mostrar una autentica “sensibilidad” en contraposición a la falsedad maquillada que inunda y se nota de nuestra clase política; es como lo escribió Jaime Ross y lo cantó el legendario “Canario” Luna, en “Brindis Por Pierrot”, cuando afirmaban: “Cuesta abajo los sacude el viento…, a veces la suerte me ayuda… oigan al payaso que canta, cuantas penas en su garganta… Te largan a la cancha sin preguntarte si quieres entrar, por si fuera poco, de golero, toda una vida tapando agujeros, y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran penal. Oigan al payaso que canta”.
Fue tan burdo y notorio de donde provinieron los dardos hacia Lust, que fue el propio Presidente de la República, Yamandú Orsi, quien mostrara la altura institucional que a otros les faltó, llamándolo como vecino para solidarizarse y señalar que se habían pasado todos los límites.
¿Y por qué el ensañamiento?; cometió el delito de venir de siempre remándola junto a su familia, estar solo, por no tener un aparato político para defenderse, o un gran sustento económico, o no estar alineado con las corporaciones ni con los grandes grupos de medios masivos. Hoy a Eduardo Lust lo respalda su solidez ética, su honestidad y su cabeza. Por eso resulta tan irónico que, tras ser diputado durante cinco años, el gran público lo haya terminado de conocer, valorar y querer en su justa dimensión humana gracias al espacio de los “Martes Ilustrado” con el licenciado Orlando Petinatti, que le dio la visibilidad y el afecto que las estructuras tradicionales prefirieron negarle.
Conozco a Eduardo Lust de cerca. Fue mi profesor de Derecho Administrativo. Quienes nos sentamos en su aula no solo fuimos testigos de su solidez académica y su conocimiento técnico indiscutible, sino de su calidad humana y su rectitud. Por eso quiero dejar sentada mi postura con absoluta claridad. Si en el futuro avanzamos hacia una Coalición Republicana consolidada como un partido único donde todos votemos bajo un mismo lema, no tendría el menor empacho en apoyar a un hombre como Eduardo Lust. Necesitamos políticos menos personajes, auténticos, no alineados a las élites y más personas con la solvencia ética, el conocimiento y la solidez de mi ex profesor. Vaya entonces mi solidaridad total con el gran profesor Eduardo Lust, aunque reitero, no la necesite.