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Martes 13 de Enero, 2026 6 vistas

Nos enfermaron durante 34 años

Por Carlos Arredondo
Nos dijeron que comer grasa era malo, que nuestras arterias terminarían tapadas, que la manteca era poco más que un veneno, que la sal nos llevaría a la hipertensión crónica, que los huevos generaban colesterol, que debíamos comer azúcar, que los carbohidratos (harinas) era lo mejor que le podía pasar a nuestro organismo, que los aceites vegetales eran inocuos y sanos y que los granos integrales nos iban a salvar la vida.
Durante 34 años se rieron de nosotros en nuestras narices, mientras nos enfermaban.
Te cuento esto porque hoy quiero referirme a la resolución tomada recientemente por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de Estados Unidos, quien la semana pasada cambió radicalmente lo que ellos llaman “Pirámide alimentaria”.
Para comenzar me apuro en recordarte que la pirámide alimentaria es una herramienta gráfica y educativa que se utiliza para explicar cómo debería organizarse la alimentación diaria de una persona o de una población.
En términos simples, se trata de un esquema en forma de pirámide que ordena los alimentos según la cantidad y frecuencia con la que se recomienda consumirlos: En la base (la parte más ancha) están los alimentos que deberían consumirse con mayor frecuencia, mientras que en la cima están aquellos que deberían ingerirse en menor cantidad o solo de manera ocasional.
Se utiliza para educar a la población sobre hábitos alimentarios saludables, orientar políticas públicas (comedores escolares, hospitales, fuerzas armadas), guiar programas de salud y nutrición, simplificar información científica compleja, haciéndola comprensible para la mayoría de la gente, etc.
Fue así que, durante todos estos años, las recomendaciones nutricionales del mundo occidental estaban marcadas por esta pirámide que se suponía estaba elaborada buscando lo mejor para los seres humanos.
Lo decía Estados Unidos, un país, con recursos, ciencia “responsable”, donde operan, y se reclutan a, los mejores cerebros del mundo en todas las áreas ¿Cómo sospechar que aquello era solo parte de una gigantesca maquinaria de enfermar?
La semana pasada, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de aquel país dio vuelta, invirtió, la pirámide, y dijo al mundo que lo hacía por razones de Salud Pública, motivado por la epidemia de obesidad, enfermedades metabólicas y otras condiciones relacionadas con la dieta que afectan a una gran parte de la población estadounidense. 
Si, lo que durante 34 años recomendó el Estado enfermó a la gente a niveles nunca antes vistos. Y fueron impulsadas por médicos, dietistas, nutricionistas, y por supuesto la industria alimentaria -que algún dinerillo hizo con estas recomendaciones y muchas de ellas -de pura casualidad, no más - con estrechos vínculos con las farmacéuticas.
Pero pareciera que debemos pensar que fue sin querer, que solo se debió a un error, o un mal uso de aquellas “sanas” recomendaciones. 
Queridos amigos, Estados Unidos llamó, como política sanitaria oficial, a los ciudadanos a “comer comida real” y puso a las carnes, grasas, pescados, huevos, legumbres, frutos secos en la parte más ancha de su pirámide, lo que indica que se trata de los principales alimentos que debemos consumir -, degradando al lugar menos recomendable los cereales y derivados (pan, arroz, pasta, cereales) que hasta la semana pasada estuvieron en la base -eran presentados como los más importantes -.
En esta nueva guía se expresa de forma explícita la recomendación de limitar o evitar alimentos altamente procesados y azúcares añadidos - y que se presenta como una prioridad para la salud pública.
En Uruguay, los problemas de salud por la mala alimentación no han parado de crecer y si no se toma en serio el asunto continuaremos alimentando los bolsillos de las farmacéuticas a costa de nuestra salud. 
Con esta “movida” hecha por EE.UU la verdad quedó al descubierto y nuestro gobierno debería tomar cartas en el asunto. Es hora de exigirle reglas claras, sin conflicto de intereses, que apunten al real cuidado de la salud de la población y no a atender los requerimientos de los lobbies farmacéuticos o de la industria alimentaria.