Por Carlos Silva
Salto está viviendo un proceso de recuperación de sus espacios públicos como hacía mucho tiempo no se veía. Desde el inicio de esta administración, el Gobierno Departamental se propuso rescatar lugares que son patrimonio de todos, devolverles su valor y, sobre todo, regresárselos a la gente. La reciente puesta en valor de la Plaza Artigas, nuestra plaza principal, es quizás el ejemplo más simbólico: un espacio que volvió a brillar, a convocar, a mostrar que cuando se trabaja con planificación y prioridad, la ciudadanía responde. Hoy la vemos viva, ordenada, concurrida, integradora. Una plaza que vuelve a ser el corazón de Salto.
En ese mismo camino de recuperación y cuidado aparece una decisión que en los últimos días ha generado atención a nivel local y también nacional, la posible declaración de las plazas de Salto como espacios libres de humo y alcohol. Una medida que no surge de un capricho, ni de un impulso aislado, sino de una visión clara sobre qué tipo de espacios queremos construir para nuestras familias. Porque una plaza cuidada no es solamente una plaza con bancos nuevos o luces funcionando, es también una plaza donde el aire se respira mejor, donde los niños juegan sin riesgos, donde el entorno invita al encuentro de la familia.
Esta iniciativa no es improvisada. De hecho, se alinea con una tradición internacional que lleva casi medio siglo, desde fines de los años 70, la Organización Mundial de la Salud estableció el Día Mundial del Aire Puro, celebrado cada tercer jueves de noviembre, como una forma de concientizar sobre la importancia de los ambientes libres de contaminantes. Esa misma visión, la de recuperar el aire limpio como un derecho básico, es el camino que quiere elegir el Gobierno de Salto para sus plazas.
Pero más allá de lo técnico o de lo histórico, el fondo del asunto es humano. Esta medida busca que las plazas vuelvan a ser lo que tienen que ser, lugares seguros para las familias, para los abuelos con sus nietos, para quienes salen a caminar, para los jóvenes que disfrutan del espacio público con responsabilidad. Lugares donde se respire tranquilidad y también aire puro, en el sentido más literal. Lugares que convoquen y no que espanten. En definitiva, lugares que recuperen su función social.
En estos días, la decisión ha generado debate y ha llegado incluso a la agenda nacional. Y eso no está mal, las transformaciones verdaderas siempre despiertan discusión. Pero lo esencial es entender hacia dónde va esta medida. Salto está decidiendo, con claridad y coraje, que la salud pública, la convivencia y la calidad de vida no son temas secundarios. Que el espacio público es un activo valioso, y que cuidarlo es una responsabilidad de todos, empezando por el gobierno, pero continuando por cada vecino.
Las plazas libres de humo y alcohol no significan prohibiciones sin sentido, significan oportunidades. La oportunidad de que un niño respire mejor. La oportunidad de que una familia se sienta más cómoda. La oportunidad de que el espacio público sea realmente público, y no territorio de consumo problemático o prácticas que afectan a otros.
Salto está dando pasos firmes para recuperar su orgullo y su calidad de vida. La recuperación de la Plaza Artigas fue un símbolo; la futura declaración de plazas saludables es un compromiso. Sigamos construyendo una ciudad donde vivir sea un poco mejor cada día.
Miércoles 26 de Noviembre, 2025 166 vistas