Ni las inclemencias del tiempo ni la persistente lluvia de este domingo lograron frenar el compromiso de las mujeres salteñas. En una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la calle Uruguay se convirtió en el escenario de una movilización que, lejos de la celebración, se transformó en un contundente acto de denuncia política y social.
La jornada comenzó con una concentración en la Plaza 33, desde donde un nutrido grupo de mujeres y colectivos marchó hasta la Plazoleta Armando Barbieri. Allí, frente al Club Remeros, se dio lectura a proclamas que expusieron las deudas pendientes del Estado y la vulnerabilidad que atraviesan las mujeres en el departamento.
«ESTAMOS EN PELIGRO»: EL GRITO DEL COLECTIVO REVUELTA
La proclama más dura llegó de la mano del Colectivo Revuelta, que rechazó cualquier intento de «festivizar» la fecha. «El 8M no se celebra, se denuncia», sentenciaron. El documento enumeró situaciones de desprotección estructural: desde el acoso policial a denunciantes hasta la impunidad de abusadores en instituciones educativas y religiosas, mencionando específicamente el caso del cura Juan José Sant’Anna.
El colectivo fue tajante al cuestionar la gestión de la Intendencia de Salto, acusándola de intentar «vaciar de contenido» la fecha al organizar eventos musicales en el mismo horario de la marcha. Además, recordaron con dolor que a ocho años de la muerte de Nazarena Porto, el caso sigue impune: «Nazarena no se suicidó, justicia es que no pase».
FEMINISMO DE CLASE Y JUSTICIA LABORAL
Por su parte, el Plenario reivindicó un feminismo popular y antiimperialista, denunciando el avance del fascismo y los conflictos bélicos que despojan a mujeres y niñas de sus territorios. «Los derechos conquistados nunca están asegurados, exigen defensa activa», señalaron, vinculando la lucha de género con la resistencia al capitalismo.
A este reclamo se sumaron las mujeres cesadas de la Intendencia de Salto, quienes destacaron la precariedad de las jefas de hogar tras perder su fuente laboral. «La justicia laboral también es una causa de las mujeres», afirmaron, reafirmando que la dignidad del trabajo es innegociable.
La movilización cerró con un llamado a la organización permanente. En Salto, el mensaje fue unánime: mientras el Estado «actúe como un padre ausente», las mujeres seguirán en la calle.
