Por Carlos Arredondo
En más de una oportunidad, los lectores de esta columna han recibido argumentos más que suficientes que demostraban la inconveniencia de la aprobación de la ley de legalización de la eutanasia.
Desde aquí dije y sostengo, que aquella ley no tenía como eje central la misión de legalizar la voluntad de morir de aquellos que padecían un sufrimiento insoportable, y intenté mostrar que su inconveniencia radicaba en el combo de cosas que venían escondidas, y que sus impulsores pretendían disimular con el rótulo de la “compasión”.
Desde esta misma columna, en más de una oportunidad traté de advertir que la eutanasia era solo una excusa para lograr otros cometidos y que las tremendas inconsistencias en cuanto garantías, no solo NO era algo acorde con la tradición legislativa de nuestro país – donde siempre se hiló fino y se tuvo en cuenta todos los detalles a los que las leyes que se discutían, alcanzaban –, sino que mostraba abiertamente que algo más había.
Lamentablemente, no pasó mucho tiempo para que viéramos el cuchillo que los impulsores de esa ley, traían debajo del poncho.
El martes 12 de agosto de este año el mismo se aprobó en la cámara de diputados y el 15 de octubre los senadores uruguayos hicieron lo propio.
En una suerte de blanqueo tácito, la senadora frenteamplista Constanza Moreira, mostró que las tremendas faltas de garantías que el proyecto contiene no fueron un error, sino todo lo contrario, eran el objetivo que en realidad perseguían: Sin ruborizarse y con una frialdad que llama la atención, la senadora se despachó con un argumento digno de un mundo distópico, Al momento de su alocución en defensa del proyecto que se discutía, la politóloga dijo: “Con este proyecto nosotros completamos un avance muy significativo en un tema que está instalado en el mundo, que es la regulación de la muerte asistida. Y no porque haya una conflagración mundial que nos quiere hacer morir jóvenes, sino porque vivimos mucho, y cuando se vive mucho se llega a un grado en el que no se es auto válido. Y esa es la realidad de una demografía en la que nos hemos transformado en países de personas viejas…Y esa es la realidad del planeta, y esa es la realidad nuestra, independientemente de que los sufrimientos insoportables no tienen por qué pertenecer a ninguna etapa de la vida, pero a mí me parece que un país súper envejecido como el Uruguay tiene que tener una política que regule estas cosas, si no nos estamos haciendo trampas al solitario…”
La verdadera “trampa al solitario” se la hace quien se niegue a comprender que, si se busca “regular” el problema de ser un país súper envejecido, apuntan a que no vivamos mucho. ¿Vas entendiendo?
Si todavía no lo entendés permitime que te lo diga en otras palabras: La ley de eutanasia fue la excusa para habilitar –legalizar- el asesinato de personas “Porque vivimos mucho”. Nos lo está diciendo en la cara – en el parlamento – la senadora Constanza Moreira.
¡Esas eran las verdaderas intenciones que venían tras los argumentos de la compasión, la solidaridad y la “libertad de elegir si querés seguir viviendo, o no”!
Para Moreira “un país súper envejecido como el Uruguay tiene que tener una política que regule estas cosas, si no nos estamos haciendo trampas al solitario…”. Lo hizo en tu nombre, desde el lugar que vos le diste en el senado -la hayas votado, o no-: Te representó… (Ah y a mí también).
Martes 18 de Noviembre, 2025 400 vistas