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Miércoles 15 de Julio, 2026 76 vistas

Un año después: El gobierno de Carlos Albisu entre las promesas y decepción

Por Pablo Vela
El primer año de gobierno de Carlos Albisu deja más preguntas que respuestas. Quienes lo votaron lo hicieron con la expectativa de un cambio en la forma de administrar el departamento, con la esperanza de una gestión austera, eficiente y enfocada en las prioridades de la gente. Sin embargo, para muchos ciudadanos, el balance no arroja aquellos resultados prometidos, aquellas promesas de campaña.
Se habló de transparencia, sobran ejemplos de la falta de algo tan necesario hoy en día en política, de profesionalizar la administración, por favor, repasamos la lista de directores y mandos medios, salvo dos o tres casos el resto son simples alcahuetes y por último de terminar con las viejas prácticas políticas, clientelismo, favoritismo, etc., ¿hace falta señalarlas, enumerarlas? La percepción que se ha instalado es la de una estructura cada vez más ocupada por designaciones de confianza, compromisos partidarios y espacios destinados a satisfacer a algunos socios de la desdibujada coalición, incluso aquellos que el salteños mediante el voto, el instrumento más valioso que existe, dijo que no los quería cerca de la administración. Cuando el ingreso de personas parece responder más a acuerdos políticos que a las necesidades reales de la gestión, es inevitable que surjan cuestionamientos sobre el uso de los recursos públicos.
También genera preocupación cualquier intento de interpretar o rodear los límites que establece la ley para realizar contrataciones o crear cargos. La legalidad no debería ser un obstáculo a sortear, sino el marco que garantiza igualdad, transparencia y respeto por las instituciones. Gobernar implica administrar dentro de esas reglas, especialmente cuando se prometió hacer las cosas de manera diferente.
Mientras tanto, las prioridades del departamento parecen haber quedado relegadas. Los problemas cotidianos siguen esperando soluciones concretas: obras demoradas, necesidades barriales sin atender y una sensación creciente de que el esfuerzo está puesto en la interna política antes que en mejorar la calidad de vida de los vecinos.
Porque ahí estarán ellos. Los alcahuetes de turno: los que ya “mordieron” en la Fundación X o están esperando “morder” y a pesar de ser el hazmerreír del pueblo defenderán lo que sea.
A esto se suma una percepción de gasto público orientado a iniciativas cuya utilidad resulta difícil de justificar frente a las necesidades existentes. Cuando abundan los anuncios, los eventos o las contrataciones que no muestran un impacto claro para la ciudadanía, crece la impresión de que el dinero de todos se administra con criterios políticos antes que con criterios de eficiencia.
Las urnas expresaron una voluntad de cambio. Ese mandato no consistía únicamente en reemplazar nombres, sino en cambiar prácticas. Si la administración termina reproduciendo los mismos vicios que durante años criticó, la decepción es inevitable.
Todavía queda tiempo para corregir el rumbo. Pero el primer año deja una enseñanza evidente: gobernar no es repartir cargos ni satisfacer equilibrios partidarios. Gobernar es cumplir la palabra empeñada, administrar con responsabilidad y demostrar, con hechos, que el interés general está por encima de cualquier compromiso político.
Ojalá quienes hoy siguen creyendo, incluso dentro del Gobierno Departamental, tengan las agallas suficientemente de alzar la voz y pedir se frene el gasto desmedido en cualquier otra cosa que no sea el Departamento.
Por el momento, el programa de gobierno quedó traspapelado, siempre se sale detrás del problema, planificación 0. Quienes sí planifican antes son los ingresos, gambeteando la ley, quebrando la cintura, olvidando que, en épocas de VAR, las consecuencias pueden ser graves.