Por Pablo Perna
Adolf Hitler en su obra “Mein Kampf”, teorizó sobre la "Gran Mentira", que es la capacidad de instaurar una falsedad tan descomunal que nadie se atreve a dudar de ella porque escapa a la imaginación de la gente común, teoría que se resume diciendo: “miente, miente, miente, que algo quedará”. En Uruguay, la consagración del 25 de agosto de 1825 como el "Día de la Independencia" es el ejemplo perfecto de cómo la elite política criolla del pasado nos han lavado la cabeza por generaciones con la fabricación de una falsedad histórica tan absurda, simplemente por interés político.
La realidad documental es tajante y objetiva, ni José Gervasio Artigas, ni los “Treinta y Tres Orientales”, ni los asambleístas del 25 de agosto de 1825, jamás pensaron en crear un país independiente llamado Uruguay. La llamada “Ley de Independencia” estableció a texto expreso el anhelo, deseo, ilusión o esperanza, de separarnos del Imperio del Brasil y la unión con la hoy Argentina. La “declaratoria”, fue simplemente eso, una “intención de deseos”, lo dice a texto expreso, sin vacilaciones, basta leer solamente un articulo. La realidad fue que Brasil formalmente gobernó desde Montevideo nuestros territorios hasta el 27 de agosto de 1828, cuando en Río de Janeiro, Londres promueve una reunión con ambas potencias (Argentina y Brasil), y resuelven que ninguno de los dos tendría propiedad sobre el hoy Uruguay, creándose un nuevo Estado soberano que estaría bajo la tutela de ambos hasta 5 años luego de la firma del documento. Nosotros ni siquiera fuimos invitados a la reunión; cuando Inglaterra, el hoy Brasil y Argentina se pusieron de acuerdo, recién ahí fuimos informados que seriamos un país libre e independiente.
La otra prueba irrefutable de que el Uruguay independiente jamás estuvo en los planes de nuestros “padres fundadores”, la ofrece la propia actitud de Artigas. En 1820 cuando parte a su exilio al Paraguay, le dio la espalda de forma definitiva a nuestro devenir político, pese a las múltiples invitaciones que recibió de Rivera cuando ya era Presidente y del propio hijo de Artigas, por lo menos desde el 18 de julio de 1830 en adelante. Hasta el día de su muerte, el 23 de septiembre de 1850, prefirió la quietud en Asunción antes que regresar a un país cuya existencia jurídica y de fronteras representaban la negación de todo su ideario. Aquí debemos admitir una verdad incómoda cuando Cristina Fernández de Kirchner afirmaba: “Artigas quiso ser argentino y no lo dejamos”.
¿Por qué entonces festejamos el 25 de agosto? La respuesta está en los intereses de las clases políticas en pugna de aquella época. En la década de 1920, al acercarse los 100 años de nuestra “gesta independentista”, el Partido Nacional, aprovechando su mayoría en la Cámara de Diputados, empujó la fecha del 25 de agosto de 1825, porque los protagonistas de esos hechos habían sido Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, figuras fundadoras del Partido Blanco. Del otro lado, el Senado, dominado por el Partido Colorado, rechazó de plano esa ley por considerarla "argentinista" y promovió el 18 de julio de 1830 (Jura de la Constitución), que es la fecha exacta cuando formalmente se creó al Uruguay. La pugna fue tan encarnizada que el desempate tenía que darse en la Asamblea General, pero jamás se votó. Incapaces de ponerse de acuerdo, se optó por la salida más salomónica: festejar las dos fechas.
La imposición del 25 de agosto no respondió a la verdad histórica, sino a la correlación de fuerzas de una Cámara de Diputados que buscaba imponer la memoria de sus caudillos y lo lograron. Siguiendo la máxima de la propaganda nazi, la repetición escolar y el feriado de cada año terminaron sepultando los hechos reales para dar paso al mito. A esta altura, resulta más honesto y sensato que el 25 de agosto celebremos únicamente la “Noche de la Nostalgia” en virtud por los viejos éxitos musicales son más reales y auténticos que nuestra "anhelada independencia", que hoy ya con la cabeza bien lavada, ni siquiera nos animamos a cuestionarla.
Viernes 21 de Agosto, 2026 366 vistas