Por Gerardo Ponce de León
Creo que hace mucho tiempo que no se veía tanta gente hurgando los contenedores de basura, como gente pidiendo comida por las casas. Es también importante la gente que se ven con alguna discapacidad, como varones de pelo largo y los tatuados.
Con respecto a estos últimos, parece que hay un campeonato a: más grande, colorido y lugar. Me llega a doler con pensar lo que se hacen y como lesionan su organismo, no solo basta con el tatuaje, sino que le agregan colores de acuerdo a lo que se hacen, como una flor, van los colores. Es algo que está de moda y no llego a hacerlo, personalmente
Pero la verdad es que todo esto (no los tatuajes) me llevan a darle gracias a Dios, porque soy un afortunado en la vida. Y les voy a escribir sobre estas fortunas.
Como no voy a AGRADECER el tener una familia que se preocupa por uno. Tener abrigo para dormir y también andar si está baja la temperatura.
Llegar a una casa en la cual tenemos: un techo, agua fría y caliente, una silla para descansar, mesa para estar y a su vez nos sirve para poner un plato, el plato con comida; Y si estamos mejor, aire acondicionado o una estufa a leña. El 80 % quiere decir que se tiene corriente eléctrica.
Por todo esto, ¡Cómo no vamos a agradecer a Dios, por las cosas que no ha dado! Y en la mayoría de las veces nos cuesta ver o no queremos ver las diferencias entre tener esto y no tener y hay que salir a buscar en la calle o pedir. Dentro de esta gente hay alcohólicos y también drogadictos. En cualquiera de los casos es con sustancia de la más baja calidad, porque es la más barata. Esto hace un efecto muy malo a nivel cerebral.
Me gustaría ser médico para explicar los daños que se provocan en la mente y poder determinar si los tatuajes provocan algún daño.
Otro motivo para AGRADECER. El alcohol y la droga no mira clase social, pero la calidad sí, está todo dado; Principalmente con el poder económico. Tengo uno que nos toca timbre, casi todos los días, en horas impropias, últimamente no sé si está drogado o borracho, pero es muy triste verlo.
Cuando paso por la Casa Diocesana y es el día en que dan comida, me doy cuenta de la gente que conozco y de las que no, pero todo dentro de un ambiente repartido entre los mansos y los que hacen alboroto, los que hablan tranquilos y los que hablan a los gritos. Lo más importante es la cantidad. La otra cosa que me llamó la atención fue que el Padre José García lo llamara por los nombres. Esto es una señal de empatía, trata a cada uno como gente, y no creo que sea recíproco.
A uno le queda la duda de cómo hay que tratarlos y a pesar que los nombres que uno conoce son muy pocos, algunos tienen olores, otro mugre, y otros un estado deplorable, ya sea por lo escrito anteriormente. Están entreverados mujeres y hombres, también niños, son los que muchas veces los vemos hurgando los contenedores de basuras.
Claro que nos entra la duda, ¿Qué hacemos, los ayudamos? Si lo hacemos en nuestra casa, sabemos que lo tenemos todos los días tocando el timbre. De ahí las dudas de cómo va hacer nuestro proceder.
Pero más rabia da cuando encontramos lo que se da tirado unas casas más adelante del recorrido que ellos hacen. Y miren que es bastante común encontrar la comida tirada. Da mucha lástima ver gente joven pidiendo y usan el argumento de que no hay trabajo.
Jueves 13 de Noviembre, 2025 104 vistas