Por el Padre Martín Ponce De León
Hace un tiempo recibo una llamada: “Esta noche hay una mesa redonda sobre “La Eutanasia” y debo hacer una exposición desde el punto de vista médico. Me gustaría me acompañase con tu presencia”. Recuerdo haberle preguntado qué postura tenía sobre el tema y me respondió que se iba a centrar en los cuidados paliativos.
Era, no me avergüenza decirlo, la primera vez que escuchaba eso de los “cuidados paliativos” y ello me impulsó a asistir a aquella reunión. Debía desasnarme y, a más, el tratamiento del tema me interesaba en abundancia.
Tiempo después, estando internado, debo escuchar que a mi compañero de pieza le informan que “A partir de ahora, usted, va a pasar a ser atendido por “cuidados paliativos” y algunas cosas más. Luego de irse la doctora que había dicho eso mi compañero de pieza me pregunta: “¿Qué es eso de cuidados paliativos?” Desde mi ignorancia intenté explicarle, con mucho cuidado, lo que recordaba habían manifestado, en la charla a la que había asistido. Pensaba en “mi Doc.” y trataba de ser lo más fiel posible a lo que ella había dicho en aquella oportunidad, pero, a su vez, deseaba estuviese para poder explicarle, con mayor certeza, lo que aquello significaba.
Una vez en casa nuevamente, en un día que no tenía mucho que realizar, me sumergí en Google para leer sobre los cuidados paliativos y, así, estar un algo más informado.
Sé que es una actividad médica donde un equipo interdisciplinario busca acompañar y ayudar al enfermo y a sus familiares ante una enfermedad grave, crónica o terminal (Por favor, Doctor Suárez, deme una mano)
Es indudable que el tema entró en mi vida por el querer acompañar a la doctora en aquella reunión donde iba a tratar el tema. Recuerdo que, para aliviar mi ignorancia, en aquella reunión, una de las personas asistentes, manifestó ser integrante del equipo de cuidados paliativos y reclamaba una mayor información a la ciudanía sobre lo que era su tarea ya que, dada su novedad, era desconocida por la inmensa mayoría de la población.
El tema volvió a mí al deber informar, infantilmente, a mi compañero de pieza, lo que aquello significaba.
Ahora, el tema vuelve a mí producto de la enfermedad de un ser cercano y querido y, por lo tanto, golpea muy dentro de mí.
Hace unos días, al entrar en la pieza donde se encuentra internado, había cuatro personas con sus túnicas blancas, conversando con él y uno de sus hijos. El rótulo “Cuidados paliativos” se encendió en mi interior con una nitidez tal que no necesitaban de palabras. No dijeron nada, simplemente me invitaron a sentarme, mientras yo me sentía interrumpiendo algo en donde no estaba invitado. Yo me retiré inmediatamente.
Debo reconocer que la tarea de dicho grupo no ha de ser nada sencilla puesto que es ayudar a tener una vida digna cuando muchas ventanas se cierran o cuando las dificultades alientan a bajar los brazos y no a continuar en la lucha por más estéril que pueda parecer ya que el sufrimiento gana algunas batallas.
Admiro el que deban enfrentarse a los familiares del enfermo con realismo y verdad para ayudar a que no vivan el momento como una carga de la que se desea librarse cuanto antes, ni como un castigo que deben soportar. Que sepan vivir el momento como una instancia en la que pueden ser útiles ayudando a que un rayo de luz entre por alguna ventana abierta.
Pero, también, lo reconozco, es una tarea llena de novedad que debe ser más promocionada, para que su labor no sea contra molinos de viento sino con personas que necesitan ser acompañadas en un momento muy especial de su salud.
Lunes 23 de Febrero, 2026 124 vistas